Sostiene Moreira

La ocurrencia de parafrasear el título de Antonio Tabucchi es del sensei Mario Ojeda, pero si la triste e increíble historia del Maestro Moreira y su trama desalmada fuese en verdad novela habría más de un lector decepcionado con la poca credibilidad de sus párrafos desquiciados, el patetismo bailarín de su protagonista, la invisibilidad de sus padrinos al rescate y el ya muy trillado desenlace de las novelitas de la corrupción mexicana donde todo queda impune en el olvido.

Al escribir estas líneas Humberto Moreira viaja como cualquier pasajero hijo de vecino –but of course, en Business Class, cava included y jamón serrano, cortado à la misión cumplida—y quizá sea atendido por las mismas azafatas que hace un par de semanas le cobijaron con una mantita en la madrugada trasatlántica con la que quizá el mismo avión lo trajo de México a España para ser recibido por la policía española y sorpresivamente llevado ante un juez que lo mandó encerrar a la cárcel de Soto del Real. Se habló de malversación de fondos públicos, lavado de dinero e incluso una posible asociación delictuosa con un nefando tentáculo del crimen organizado conocido como el grupo de los Zetas… pero todo eso ya quedó en el archivo, liberado Moreira con ciertas advertencias y devuelto a México con alguna tarea que le ha de haber dejado su director de tesis en alguna de las chafísimas dizque maestrías que ha cursado durante su estancia en Barcelona.

Entonces, la telenovela en turno queda como sigue: un maestro de gis y pizarrón con aspiraciones de grandeza sube con los años de leal servicio y sacrificio magisterial la escalera de su sindicato hasta convertirse en consentido de Maquilladísima Lideresa de su sindicato que lo encumbra como gobernador de su estado natal. La serie se vuelve trending cuando el ex gobernador se convierte en presidente del PRI, al filo de una campaña presidencial exitosa que logra no empañarse con su renuncia debido a las acusaciones pendientes en su gestión como gobernador de Coahuila.

Habiendo varios capítulos donde el maestro bailarín se vuelve popular, más sonriente y asombrosamente convincente en todas sus argumentaciones y parlamentos, como cualquier químico que al tirar los dados sobre su tabla periódica se la juega al Breaking Bad, y lavándose las manos de todo lavado de dinero (por el cual detienen a cercanos colaboradores en los Estados Unidos de Norteamérica que osan denunciarlo como arte del megacochupo, por lo visto, sin aportar pruebas convincentes ante la justicia española) y luego de pasar por unas jornadas tras las rejas, donde la telenovela se concentra en tomas lacrimógenas de lo que él mismo desarrolla en monólogo como “experiencia de vida”, pone en orden sus estudios requeteimportantes en Cataluña, espera con ansias la devolución de su pasaporte y en cuanto lo vuelve a tener cerca del corazón vuela de vuelta a México donde espera filmar los capítulos finales de otra teleserie vulgar e insulsa, no exenta de divas, narcotraficantes, abrazos apretados con políticos de dudosa sexualidad o intachable trayectoria, alguna escena beisbolera y cierta pimienta trágica habiendo perdido hace años a su hijo en una balacera del crimen organizado y algo de salero irracional en el hecho de que su hermano –con el cual está peleado y distanciado—es hoy mismo gobernador del mismo estado de Coahuila que quedó en bancarrota multimillonaria en capítulos ya tan pasados que nadie recuerda bien a bien cómo es de veras que se sostiene Moreria: ¿cómo sostener ante un juez que la vida de estudiante en Barcelona conlleva depósitos de no pocos miles de euros para el alquiler de una residencia de lujo, muebles, piscina e ingresos para los sangüichitos en la cafetería universitaria? ¿cómo sostiene Moreira que la suma de sus ahorros corresponde al ahorro de sus ingresos en los puestos públicos que ha ocupado o que son producto de las ganancias en dudosas empresas donde se transfiere a él mismo la lanita para su periplo en Cataluña? En realidad, como lector se me cae el libro de las manos y como telespectador, prefiero la lucha en patines con enanos enmascarados… pero al llegar los anuncios, resuena inevitablemente la duda que quizá preocupa a miles de mexicanos: En realidad, ¿quién o qué sostiene a Moreira?

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