Sonríe, imbécil

Es probable que en el fragor del instante, la adrenalina de una supuesta posteridad te obnubila y no te detienes a pensar en lo mal que te ves posando para una fotografía con un narcotraficante en la clandestinidad.

El mundo se ha enredado tanto que es muy probable que al turista empedernido no le importe posar sonriendo y hombro con hombro con un pederasta impune, un gobernador a punto de fugarse de la justicia o ya de plano, con quien acaba de secuestrar el avión donde viajaba adormilado. Tengo para mí que –pasadas las horas y no se diga meses—esas fotografías en vez de bonificar una trascendencia ejemplar, revelan la más pura sonrisa de la imbecilidad.

Queda para el olvido la posible fotografía que alguien pensó oportuna en una vieja cervecería de Münich, cuando se reunían los simpáticos alborotadores de una organización política, vestidos con camisas pardas o qué pensar si hubiera fotito de alguna gringa con Bin Laden en un parque de diversiones. Vivimos en un mundo dónde hay que conminar a más de un turista cuando se le ocurre una sonrisa para fotografiarse a pocos metros de lo que quedó del horno en Auschwitz-Birkenau. Pues en el colmo de este tenor, el ciudadano británico Benn Innes acaba de fotografiarse con un tal Seif Edin Mustafa, quien posa para la imagen con una carga de supuesta dinamita pegada al torso. El inglés subió a las redes sociales su graciosa ocurrencia calificándola de “selfie” y argumentando que se acercó al demente secuestrador con el fin de verificar si la bomba con la que amenazaba hacer explotar el avión de EgyptAir era o no de a deveras.

El vuelo que supuestamente realizaría el trayecto entre El Cairo y Alejandría, aterrizó finalmente en Europa pasando por Chipre y quien sabe qué tantos memes y chistes nada graciosos inundan las redes, en lo que alguien ha calificado como una oleada de buen humor ante la desgracia que no llegó a suceder. Dicen que el buen humor egipcio que les permite reírse hasta de ellos mismos ha derramado memes en donde hasta el presidente de la antigua tierra de los faraones desea haberse subido a un vuelo en El Cairo para sin proponérselo aterrizar en Europa y a la postre, el demente secuestador argumentó que se ató el falso cargamento de explosivos con el fin de que lo llevaran a visitar a su ex esposa: que un orate esté dispuesto a secuestrar un avión para un amoroso reencuentro demuestra al mismo tiempo el posible motivo de la separación y la loca intensidad con la que quizá vivieron unidos.

Jorge F. Hernandez sonríe imbecil

Con todo,  la propia madre del británico Benn Innes ha dicho con lucidez que, en primer lugar, no es ni selfie. Se ve claramente que la fotografía fue tomada por otro y a todas luces se trata de la constancia de un riesgo que pudo haber acabado en sangre: al acercarse dizque a verificar si la dinamita que llevaba en la cintura era real, el viajero no solo expuso u vida sino la de los demás… y todo sellado en el fragor del instante con la sonrisa inapelable de un imbécil. Es la cara nerviosa de un idiota común que vive durante unas horas una rara celebridad y a mí se me afigura que a menudo la página en blanco donde intento cuajar el agua del azar de cada semana no es más que el peligroso espejo donde se plasma una suerte de selfie en tinta, con el riesgo asumido e inevitable de que los párrafos retraten la peor versión de mí mismo, el rostro de estupidez inenarrable que se filtra entre adjetivos, la cara de la desolación recurrente o el asombro inevitable ante la triste ventana de la realidad impredecible donde la sorpresa de todos los días puede incluir la rara fotografía de un turista que sonríe, posando al lado de sus captores, o la despavorida cara de una mujer amenazada.

En mi abono y con gratitud para todo aquel que enfrenta el compromiso semanal de una columna, diré que la selfie en tinta procura por lo menos abonar el honesto afán de la reflexión y expresar así opinión o pensamiento sin recurrir a mentira o –peor aún—al plagio con el que algunos creen fardar una inteligencia que no cultivan, pero esta onda de las selfies ocurrentes, las supuestas oportunidades de gloria que hasta celebridades de Hollywood atesoran como valiosas terminarán por revelarse con el tiempo como no más que vergonzosos instantes que congelan para siempre la más pura expresión de su imbecilidad.

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