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Infamia

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Ése y esos del fuero; esas que se creen inmunes y son cómplices; aquellos impunes, todos. Amnésicos e ignorantes, imbéciles e inhumanos, sanguinarios animales irracionales, dementes hijos de la chingada, perra, puta madre; encorbatados o uniformados, raperitos de sonsonetes de lobotomía, hipnotistas del vacío contagioso, gorrita de lado, cadenas de oro, camisa vaquera, playera estampada, mirada perdida, sonrisa rumiante, rostro en campaña, hueso por venir, partidas por gastar, evidencia escondida. Muchos, mayoría, minoría, aludidos y coludidos; esas y otras, unos y uno. Tú y Ella, Él y el Otro, los demás, los del escritorio de lámina y los de la pick up destartalada, la vida rápida y el invento ministerial, los especialistas en seguridad y los beneficiarios de la inseguridad generalizada. Los prometedores y deudores, los hipócritas y prófugos, promulgadores y promotores de la nada o el engaño, los plagiarios y abusadores continuos, los cantantes de corridos que hacen oídos sordos en las fiestas de los sicarios, los abogadillos miles que se hacen de la vista gorda, las edecanes prostituidas en fiestecitas donde se bendicen las armas, la legión de piratas y el mar donde se mezcla todo el caldo de cultivo hirviente de la escoria. Esos, todos, aquellos, ellas, …

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Árbol entre Océanos

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Por un lado, el Pacífico engañosamente bautizado así para disfrazar sus peligrosas corrientes ideológicas y las mareas inciertas de la política, la Revolución con mayúsculas y la deuda pendiente que deja la Utopía; por el otro, el Atlántico, como puente océano de la lengua que vino de Cervantes y volvió con Rubén Darío, los sargazos de toda la imaginación desatada y el constante vaivén, va y viene, de poetas y novelas que conforman la inmensa geografía de La Mancha. En medio, mirando ambas costas está Sergio Ramírez y su literatura de personajes palpables y herencias vivas, flora en flor y fauna inverosímil de un paraíso sobre la Tierra que se le vienen enredando en palabras como madrépora de memoria latente entrelazada con pura imaginación. Sergio Ramírez es un escritor como la copa de un pino, como dicen en Madrid. Prefiero pensarlo como el árbol en sí mismo. No el árbol fatal del que cantó Darío, pues Sergio no es apenas sensitivo sino abiertamente sensible y lúcido, sabedor de los dolores de estar vivo y consciente de la hermosa vida, allende el montón de piedras en el que se convirtió Pedro Páramo en su soledad de muerte. Sergio es el árbol …

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La generosa sombra

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Se cumplen veinte años de que la luminosa palabra de un faro se convirtiera en generosa sombra. Era un hombre que sonreía arrugando la nariz y fruncía en ceño al pensar, apoyaba su barbilla sobre el estante de una mano y tenía una mirada clarísima. Inmenso poeta, sus verso sobrevuelan la cursilería de la rima fácil y se vuelve estilete y espejo, claraboya y timón, palabras encendidas que se revelan hasta en los párrafos que dejó como ensayos, de una lucidez ejemplar y de una narrativa que ya se había revelado volante en por lo menos un cuentazo maravilloso titulado “Mi vida con la ola”. Era un hombre de los que honraban la conversación y el debate, alejado a miles de kilómetros del ánimo necio e imbécil de quienes prefirieron quemar su efigie, o los que prosiguen insultándolo sin leerlo, sin conocer una sola línea de sus ensayos como senderos y sus libros como guías. No pocos pueden confirmar que su voz sería hoy mismo no sólo protagonista sino referencia obligatoria para entender o intentar desenredar el marasmo insalvable en el que se ha sumido un país que no lo merece. Ese hombre podría poner en cada esquina los polos …

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Café de Verdad

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Vine a Colombia porque me dijeron que aquí servían un tal café, tan café que era café de verdad. Al buscarlo, Bogotá fue abriendo sus calles con aromas como anuncios y en no pocas esquinas anónimas vi que aparecían arcángeles con cafeteras al calce. Al pedirlo, un paisano me corrigió: una cosa es café de Colombia que se exporta por los Siete Mares y se puede degustar en cualquier polo como si estuvieras en Valledupar y otra cosa, muy diferente, es el Café de Verdad con mayúsculas que te hace callar y te abre los ojos, que lejos del insomnio te permite soñar, el café cargado que no precisa azúcar porque las Verdades que revela son a veces ácidas o acres, pero incontestables. Café de Verdad para los mentirosos irremediables y los políticos corruptos, los empresarios abusivos y las maestras que engañan; una probada de la infusión morena y se abatirían las trincheras de la simulación y del engaño, los espejos revelarían su verdadero reflejo y no quedaría títere con cabeza en la espesa selva de la improvisación y la mentirita. Tanto me habló del mentado Café de Verdad que cuándo vi que se acercaba con una porción humeante en …

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