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En medio de la Nada

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Uno está en medio de la Nada (con mayúscula), sea ante la suprema majestad de un bosque inalcanzable o en medio del apabullante silencio de los edificios hechos con espejos; uno deambula en el silencio entrañable de las secretas voces interiores o camina entre el ruido polifónico de las calles en hervidero; uno va leyendo las líneas de los párrafos que parece hablarnos directamente a la conciencia, o bien intenta escribir la hilera de palabras que logren la historia que solo puede ser contada al inventarse. Uno va traduciendo en sílabas los nombres de las cosas y de los personajes que hablaron en un ayer que parece neblina, el sabor de la primera naranja agria y la pesada sensación del enésimo insomnio… una va imaginando el sonido de los calores en otras lenguas, el ritmo que trastoca a los versos que escribe una mujer en portugués, o los largos llanos nevados en la imaginación de un hombre que habita el bosque de su propio credo y los verbos cambian de distancia de un idioma al otro, mientras se va desdibujando sobre la página el vaho con el que respira el lector su personal degustación de lo que ve en medio ... Leer Más »

Ser madrileño

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Es un ser polifacético y sorprendente, nacido o asimilado, vecino o visitante; es gato-gato quien presume de ambos abuelos también nacidos en la villa y corte y casi gato quien aprende a amar la figura inasible del oso embelesado con un madroño. Es el que baila sobre un ladrillo el ritmo de un schotis, pero también el que añora el danzón que ondula sobre la misma altura y es el que evoca sin que nadie lo escuche la secreta fórmula de que en México se piensa mucho en ti y el que tararea por los túneles del Metro que Yo me bajo en Atocha y es la bruma incandescente de los fantasmas en Chicote y las caras de carcajadas de la nueva generación que baila sobre la barra del Space Monkey y los barquilleros intactos y las chulaponas nonagenarias y los libros viejos en la cuesta de Moyano y el museo que parece siempre recién estrenado y las calles alineadas con chopos ancestrales y las bancas del Retiro que guardan conversaciones privadas y el perfil de los edificios con balcones siempre abiertos y las calles lavadas por la madrugada y las parejas de todo el arco iris que caminan o ... Leer Más »

Describe lo que escribes

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De pronto, silencio. Te advierten que en los paseos puedes toparte de frente con osos tres veces más altos que el más alto de tus amigos. Procura andar sin audífonos para que escuches ese ruido que es el silencio y las pequeñas ramas que pisan los alces en su aburrido andar por donde quieren, no te interpongas entre las madres y sus crías, y eso que miras al fondo es nieve sobre la montaña cortada por rebanadas de pizarra gris, rodeada por cerros de pinos en todos los verdes que parecen aplaudir el ruidoso caudal de un río que se vuelve espuma rápida, y hay ardillas de cola corta y otras que parecen roedores de película con una frondosa brocha que los sigue por las ramas por donde vuelan como puntos y comas de un texto callado que se escribe desde el amanecer. Las aves van telegrafiando los versos sobre el cielo limpio de un azul pálido que se vuelve más azul cuando se acuerda del mar. La quietud acompaña las palabras que lees para simular que hablas con alguien en tanto no se reúnen en torno al fogón los demás que escriben o cantan, pintan o piensan su propio ... Leer Más »

El sueño del loro

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La pareja decidió pasar el día en el pueblo de Banff, provincia de Alberta en el occidente de Canadá. Viven a dos horas de distancia, en la ciudad de Calgary, pero vienen a Banff por estar enclavada en el paraíso: montañas de nieve en un verano de cerros con todos los verdes posibles, senderos por donde se asoman alces y de vez en cuando, tímidos osos que intimidan a cualquiera. Ella es boliviana, chismosa y aficionada a la ópera. De hecho, canta arias de Aída y acostumbra alejarse muy poco de las manos de él, que la acaricia y le habla y la consiente. Él estudio en Humber College of Mortuary Science hace medio siglo, y dedicó la mitad de su vida a embalsamar cadáveres en una agencia funeraria. No sin nostalgia, dice recordar los funerales de amigos y familiares que él mismo preparó para el último viaje y quizá tanto silencio lo llevó a decidir un cambio de vida: en 1990 dejó la vida funeraria y se entregó al apasionado afán por criar aves exóticas. Se llama David R. Knight y desde hace años vive con nueve pajarracos del Paraíso: 3 de los llamados grises del Congo, un pionus ... Leer Más »

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