Réquiem reportero

Anabel Flores Salazar, treinta y dos años de edad, madre de un bebé nacido recientemente y de un niño de cuatro años, periodista del diario El Sol de Orizaba, secuestrada por un comando armado, animales bípedos implumes en uniformes militares con chalecos antibalas, aparecida asesinada, semidesnuda y maniatada al borde de una carretera entre Puebla y Veracruz.

Al día de hoy el Réquiem de México reporta 16 o más reporteros muertos en el estado de Veracruz (diez de ellos en el pasado lustro) que se suman a los 90 periodistas asesinados y 25 desaparecidos en México desde el año 2000. El Réquiem reporta que, según la organización internacional Reporteros sin Fronteras, México es uno de los países con mayor riesgo para quienes ejercen el oficio del periodismo, al mismo nivel y peligro con el que se mide a los lugares en estado de guerra, debido al poder que ejercen diversos grupos del crimen organizado y la corrupción y complicidad de autoridades municipales, estatales y federales sobre un ancho y extendido entramado de impunidad.

Se sabe que en el estado de Veracruz existe la poderosa presencia de los llamados Zetas, quizá el cartel más violento del país, que ha diversificado su actividad criminal en círculos concéntricos que van del narcotráfico al tráfico de órganos, prostitución, acarreo y asesinato de migrantes nacionales y extranjeros, robo de gasolina directamente de las tuberías de abastecimiento y extorsión generalizada entre micro-pequeña-mediana y grandes empresas. Se sabe también que en el gobierno del estado de Veracruz existe la presencia de por lo menos un obeso porcino de voz tipluda y raras maneras que ha declarado su admiración por el llamado generalísimo Francisco Franco y su régimen dictatorial, más allá de la identificación con su baja estatura, las botas o la voz.

Lo que no se sabe es que entre las siete principales acepciones que tiene la palabra “reportar” en el Diccionario de la Real Academia se considera vocablo que significa transmitir, comunicar y dar noticia; retribuir, proporcionar y recompensar; también significa traer o llevar o alcanzar, conseguir, lograr y obtener y también puede implicar producir algún beneficio o ventaja, o, por el contrario, dificultades y disgustos, así como también significa refrenar, reprimir o moderar alguna pasión de ánimo o a quien la externa… y de entre todas estas acepciones también se nos olvida que —puestas en una licuadora— arrojarían no solo la inaplazable acción para reportar —y por ende, pasar a erradicar— el vendaval aparentemente implacable de la violencia, sino incluso la irracionalidad, mezquindad y vileza de su naturaleza, origen y características actuales.

Anabel Flores Salazar fue secuestrada en su casa, sacada de su cama arrastrada por los pies mientras dormía al lado de sus hijos. Contra la costumbre oficialista y la cómoda indiferencia cada vez más generalizada de empañar la biografía de las víctimas y así enlodar sus biografías e incluso, insinuar justificaciones para sus muertes, Anabel Flores y todo reportero víctima de la violencia viven y mueren para y por reportar los hechos y las huellas de un terror enloquecido y sanguinario, mas no invencible… aunque —como lo supo con mordaz ironía Thomas de Quincey hace dos siglos— en la macabra estética del asesinato visto como si fuera una de las bellas artes vivimos ahora en México no solo la más horrenda de sus decadencias y horrible deshonra de todas sus formas, sino además un enredado entramado de confusión de complicidades: se confunde a quien reporta, informa o, incluso, denuncia con posible complicidad, en cuyo caso hay que asumir —con pesada responsabilidad— que también es una forma de complicidad hacerse de la vista gorda, portar los oídos sordos… y guardar silencio.

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