‘Redes’

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Ángel Gil Ordóñez es un director de orquesta madrileño, afincado en Washington, D.C., desde hace años, y con no pocas notas en su biografía que lo hacen mexicano. Con notable empeño, Gil Ordóñez resucitó de la amnesia la música, fotografía y casi desconocida historia de la película Redes, una joya en blanco y negro dirigida en 1935 por Fred Zinnemann y fotografiada por Paul Strand, el de la lente al óleo, que contribuyó a la consideración de la fotografía como un arte y no una mera ocurrencia de la modernidad. Invitados por el gobierno de México, estos señores filmaron en Alvarado, Veracruz, una microhistoria de los motivos, heridas, afanes y dolores de un pueblo de pescadores, las promesas extraviadas, la pérdida de la vida que se escapa entre las redes de la realidad así como de vez en cuando cae una buena carga de pescados. Para fortuna del proyecto, la música de la película fue realizada por el genial Silvestre Revueltas, y es al día de hoy la única partitura inicialmente pensada para pantalla que se presenta en conciertos sinfónicos, una suite tan descriptiva como los pinceles visuales con los que fotografiaba Strand y tan expresiva como las caras mismas de los pescadores protagonistas de la cinta, muchos de los cuales —si no todos— no eran actores profesionales. Revueltas, el apasionado compositor, había sido pianista en cines mudos y quizá por ello sincroniza perfectamente el desarrollo de todo lo que pasa en la pantalla con lo que él plasma en partitura. Así lo ha entendido Gil Ordóñez, quien en varias ocasiones ha presentado la película como telón de fondo a la orquesta que él mismo dirige en penumbra.

Ahora se ha presentado en Madrid —con un cartel de lujo donde destacaba la presencia de la embajadora de México en España, Antonio Caño (director del diario El País) y mi admirado Antonio Muñoz Molina— el dvd del sello Naxos con el que Ángel Gil Ordóñez y su colega Joseph Horowitz (ambos al timón de ese proyecto que llaman PostClassical Ensemble) presentan remasterizada la imagen y digitalizada la música de Redes, una película que nos revela no pocas sombras, echando luz encima, del pretérito posrevolucionario de México.

Con un ánimo que recuerda al cine soviético de Eisenstein, bíceps y miradas en lontananza, Paul Strand jugó con destreza los planos largos, las sombras que se tocan, la geometría de los grises y todo ello al compás del sonido desgarrador y a veces somnoliento de la música con la que Revueltas fue tejiendo la música como ola, como espuma de las olas que se filtran en el silencio de los actores al grado de que los muy escasos diálogos parecen dar espacio precisamente a que sean los instrumentos musicales los que hablen de la vida y del hambre, de la soledad y los abusos, de la muerte y su callado ciclo que no siempre se entiende y siempre duele tanto.

PostClassical Ensemble es ya mucho más que un proyecto con el que Ángel Gil Ordóñez y Joseph Horowitz han redinamizado el panorama de la música clásica y su presentación en concierto a lo largo de Estados Unidos. Desde hace varios lustros, Horowitz como director artístico y Gil Ordóñez como director musical —o conductor, como lo llaman en inglés, lo que recuerda el mejor aliento que tenían antaño los trenes— han rescatado de los archivos las viejas películas del New Deal de Roosevelt, que se proyectaban como cortos en los cines y que antecedieron a los posteriores noticieros cinematográficos del mundo entero. La administración del Nuevo Trato se preocupaba por el rescate del obrero, así como saciar el hambre de las mayorías que habían sido devastadas con el gran descalabro del año 29 en un ánimo muy parecido a los planes, proyectos y promesas que se filtraban en la saliva del México de Lázaro Cárdenas.

Así como Horowitz y Gil Ordóñez han producido los dvd de por lo menos dos de esos cortos que encargaba el gobierno estadunidense, rescatando no solo la música de grandes compositores y guiones de atinado mensaje sino entrevistas con los sobrevivientes, ahora suman a su catálogo el dvd de Redes, una joya testimonial de un México que parece acercarse en la desesperada sequía de la esperanza palpable, al tiempo que parece alejarse en la pantalla sin colores, como el vuelo al aire ralentizado de una red que cuadricula las nubes como quien traza líneas sobre el vacío.

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