Personajes en potencia

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Primero como dibujitos anónimos, sin biografía aparente, los personajes en potencia se perfilan a la espera de un posible planteamiento que les permita enredarse en una trama en potencia. Poco a poco van padeciendo sus respectivos parlamentos y las posibilidades de sus enredos, se hablan al filo de las página y se alejan del abismo; se atreven a soñar posibles desenlaces aunque aún les queden muchos párrafos por delante.

Como dibujitos, parecería que permanecerán inamovibles y sin destino, lo que depende del azar de la tinta y del rumbo siempre incierto de las líneas, los caprichos de la puntuación y los senderos de la sintaxis que se bifurcan con cada giro de sílabas. Se van conociendo en el cuaderno sin imaginar aún el instante exacto en el que se convierten en tinta y dejan de ser meros dibujitos al azar para volverse personajes pendientes, que arman diálogos a cada dos por tres, en espera de la desesperación, suponiendo la intriga y a veces intuyendo todo lo que su autor tiene pensado para su desenvolvimiento sobre el entramado invisible de las conjeturas y sincronías, la sintonización de sus azares y la alfombra de prosa pura sobre la que caminan hacia un punto final.

En el silencio de ciertas madrugadas se llegan a escuchar como murmullos de ratón las leves carcajadas y la nerviosa plática que intercambian entre sí los pequeños personajes en potencia, sus cuerpecillos milimétricos y la correría de sus pasitos hacia los márgenes, brinquitos sin mucho avance, nerviosillos los personajillos ante la vasta llanura blanca de las páginas que se les abren por delante como horizontes inalcanzables. Antes del amanecer, hay momentos en que sacan ellos mismos sus diminutas libretillas para comparar apuestas y sugerirse mutuamente cambios a las posibilidades de su cuento, la tentación constante de volverse habitantes de una novela y la disyuntiva recurrente de volverse de pronto académicas referencias de un ensayo sin ficción. Los hay también que se saben vagabundos de versos sueltos en los poemas aún inéditos de la pluma que los dibujó al atardecer, y no descartan también ser remanentes de una luenga entrevista inaudible donde un periodista los dibujó al margen de las preguntas como referentes infalibles contra la amnesia y garantías para un reportaje de primera plana.

Allí van los personajes diminutos sobre la página desconocida de una libreta que normalmente se cierra con una liga para aplanar el ego de sus pretensiones. Se duermen intactos y cada vez que se abre la libreta solo el dibujante es capaz de reconocer los mínimos cambios en sus gestos microscópicos, los pies que se vuelven a desacomodar con la luz de la creatividad, cada vez que su autor vuelve a conjugarlos en un predicado predeterminado y no necesariamente respetado a pie juntillas en el momento en el que su autor va desgranando las palabras, hilando letra por letra, el decurso de esto que llaman literatura aunque sea no más que el lento andar en tinta de unos personajitos que fueron dibujitos a escala sin respetar su posible grandeza y sin evitar con ello los confines ilimitados de su trascendencia.

Son una parejita en miniatura, dos que son uno entre miles de posibles vidas que se dibujan como metáfora o clon de sus pares en el ancho mundo donde serán leídos como espejo de bolsillo o como mínimas ventanas para otear mejor al mundo de los grandes, el de los raros encabezados de los diarios y las enrevesadas pantallas de la televisión. Allí los dibujitos se convierten en testigos azorados de una realidad prácticamente incomprensible, inasible, intangible imposible de reproducirse fielmente en el pequeñísimo espacio que habitan las almas dibujadas, las parejitas chiquitas que se aman en silencio y que nada tienen que ver con el empañado engaño de los paisajes gigantes, las pretensiones ilimitadas y el reino universal de las grandes mentiras.

Quedan a la espera de poder escuchar a los otros dibujitos que habitan las demás páginas de la libreta y sin saberlo, terminarán por oír los ruidos del papel periódico en la siguiente página y en todas las noticias que retumbarán en el diario donde aparecen hoy publicados para que todo lector tenga a mano el pequeño milagro de una ocurrencia, una pareja de personajes pendientes cuya historia es ya un cuento en potencia y que queda como solemne promesa o sincera posibilidad de volverse pronto leídos.

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