Pequeña danza de falsedad

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Se necesita lupa para intentar mirar con atención la multiplicación de la bajeza, la estatura enana de los discursos y la morusa ominosa de tantas mentiritas y simulacros. La trama es increíble: en un intento por resucitar la Cartilla moral de Alfonso Reyes, un pastor improvisado, mesiánico imprevisto, recibe la bendición de un oráculo enrevesado —enemigo del mesianismo— que lo compara muy equivocadamente con una figura bíblica a la que le asignan haber conquistado un monte que, en realidad, heredó como dádiva, que no solo merece mención soslayada en los textos sagrados; al mismo tiempo, el otrora líder sindical, prófugo de la justicia, evasor de responsabilidad alguna y ajeno a los intereses de sus agremiados, vive un largo exilio en un país que ha comprado no pocos tiros y socavones mineros en su país de origen… La luz al final del túnel es la clara esperanza de una candidatura plurinominal.

Es la pequeña danza de la falsedad donde saltan en rara coreografía las hormigas siniestras que reptan por los renglones torcidos de una prosa falsa; versículos imperdonables del simulacro y de los plagios constantes. Es la danza pequeñísima de las contradicciones constantes que todo mexicano no tiene por qué seguir padeciendo en cada noticia, y sobremesa donde no hay pigmeo semipensante capaz de explicar el tango o tongo, zapateado folclórico y hueco de improvisaciones sin par. De contar con audífonos, el microscopio revela entonces que la música es de chiflidos y que las caras del Mal con mayúscula son en realidad rostros de señoras que, habiendo engañado, firman fidelidad para más engaños, o señores que, habiendo fingido integridad, se integran a una nueva legión de teatralidades impostadas.

Es la pequeña danza de las falsedades que en realidad no merecen más comentario ni desperdicio de tinta y que solo sirven para advertir la más dura contradicción de todas: siendo pequeño en apariencia, se trata en realidad de un gran problema. Hablo del abismo que se perfila con tanta saliva electorera y la crisis que ya se percibe en el ánimo sísmico emocional de la canasta básica con un estrépito anunciado que sabrá a descalabro en cuanto de miles de incautos y millones de engañados confirmen la vera imagen de la desgracia: el sonsonete de un jarabe que se baila en pesos y centavos como nueva sumatoria a la deuda impagable ya no solamente económica, sino ética en baba de quien profesa una nueva moral hipócrita y emocional en babia de quienes creen que pueden seguir engañando con el mismo placebo hueco de la nada.

Dicho de otra manera: México vive el ruidero de somníferos que alientan el insomnio de puras mentiras, en una suerte de danza en miniatura de todas las falsedades posibles; un enjambre de pulgas vestidas para la ocasión que se engañan a sí mismas con el proselitismo de promesas imposibles y permutas imperdonables. Todo un festival microscópico casi imperceptible para el ojo sin dioptrías donde se van distrayendo las horas de todos los días en chismeríos huecos y parlamentos inaudibles hasta lograr el milagro inconcebible de intentar tapar el Sol con la yema del meñique. Tanta pedacería insulsa que en realidad estorba las ganas de hablar de algo mejor, pues al parecer abona la ira y el hartazgo recurrentes con los que se supone lográbamos distraer el ánimo hasta hace poco tiempo. Será entonces preferible buscar un telescopio y otear el telón inmenso de un terciopelo negro poblado de estrellas para ver si allá lejos, en un planeta paralelo, encontramos un México donde tanta contradicción enrevesada sea legible, lógica y linealmente viable como utopía maravillosa: allí donde todo al revés, explique como espejo el horroroso telón en el que nos hemos envuelto.

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