México a gritos

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Aunque en silencio, una creciente mayoría de mexicanos gritamos a diario que viva México, habiendo sumado en años recientes tantos muertos y tanto desahucio entre despilfarros, pifias, abusos y mentiras de sus gobernantes. A falta de que las calles de México y del mundo se vayan inundando poco a poco de los gritos que reclaman la vitalidad de un país tan generoso, abundante, bello y poblado por una incansable mayoría de voluntades honestas que cumplen cada día con el callado afán de hacer lo que se tiene que hacer, gritemos como cada año el día de la conmemoración de la Independencia en honor a los muertos como intento para aclarar los enredos de nuestra memoria histórica.

México conmemora cada 15 de septiembre el inicio de un proceso que nació con un grito. “¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!”, fueron parte de la consigna inicial con la que el cura Miguel Hidalgo encendió lo que hasta once años después fue consumado como Independencia de España. La historia patria nos vela entre brumas que el inicio fue empresa de no pocos sacerdotes (que además, muchos de ellos también eran padres de familia) y los enredos de la larga década que termina con la entrada triunfal a la Ciudad de México de Agustín de Iturbide, un antiguo soldado realista-peninsular al frente del Ejército Trigarante, Tricolor, Independentista. Repito: once años después del Grito que diera el Cura Hidalgo, ya vuelto leyenda, preso y fusilado menos de un año después de haber gritado en su pueblo de Dolores, Guanajuato.

Para mayor enredo, dicen que no pocos mexicanos se quejan de que en Madrid todo se pide a gritos y que muchas conversaciones elevan el volumen como fardando intimidades para envidia pública y no pocos madrileños podrían espetar la incomodidad de los gritos mexicanos en las plazas de toros de España o en los estadios de fútbol de la península donde aún no se acostumbra el griterío azteca del ingenio mezclado con el doble sentido y uno recuerda entonces que dicen que alguien dijo que Octavio Paz decía que los mexicanos nos pasamos calladitos 364 días de cada año para salir a gritar que ¡Viva México! en el único día que nos permitimos un desahogo, sumando décadas de descontento entre cruces, enrevesados pasados, enredadas explicaciones y confusas verdades. Quizá por eso, México se escribe con equis.

Leer en El País

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