Luto blanco

luto-blanco

Por un campo de estrellas multicolores deambula una pequeña multitud de 30 muertos explotados por la engañosa circunstancia de festejar con fuego. Por un campo carbonizado envuelto en la neblina de la pólvora y las mentiras, las cíclicas imbecilidades con las que los políticos responsables de las licencias justifican a toro pasado la negligencia y la estulticia, metros cuadrados de una ancha cancha de la muerte en potencia destinados al expendio y distribución de explosivos. Por una plaza iluminada con el simulacro de las luces multicolores deambula otro contingente de muertos, arrollados por un demente que conduce un camión cargado de consignas. El silencio es el mismo en todos los idiomas, incluso allí donde, dicen, hubo una ciudad que se bombardeó cuadriculadamente durante tantos meses pasados y nadie dice ya nada.

El niño que espera un vendaje en cualquier hospital escucha por las bocinas de los televisores las explicaciones necias, los mapas explayados en la saliva de quienes creen entender la sinrazón de las razones para las bombas y para los cohetes, las luces de bengalas apagadas y la sangre seca. Al niño le entregan una caja de lápices de colores para entretenerle el desahucio y la desolación y ese niño aprende en pocos minutos, a tan pocas horas de lo que siguen llamando Noche Buena, que la confusión de todos los horrores puede medirse en la confusión de todos los colores, todos juntos que forman el blanco que no es la ausencia de sus tonos, sino la confundida reunión de todos los colores que por hoy no son más que el luto generalizado por un planeta enrevesado y confundido. La pelota azul que se olvida de las historias que nos mantenían al filo del sueño, la canica en medio de la nada negra que flotaba siempre con una música callada por la falta de gravedad es ahora la inmensa esfera que gira con toda la gravedad del mal diverso y la muerte desatada.

El niño que intenta dibujar una flor se queda con la mirada perdida ante la hoja en blanco, recién nevada por el frío del terror que nos acompaña y recién espolvoreada con la espuma terapéutica de los bomberos que apagan las llamas. El niño no pinta nada… en esta Navidad de luto.

Leer en Milenio

Deja un comentario

Show Buttons
Hide Buttons