‘La cosa mexicana’

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En algún momento del debate entre los aspirantes a la vicepresidencia de Estados Unidos de Norteamérica, el candidato republicano Mike Pence (ex gobernador de Indiana, albino vertical y hierático o sosegado en comparación con la demencia desatada de Donald Trump) acusó a su rival, Tim Kaine (ex gobernador de Virginia, jesuítico y sonriente demócrata que habla español), de haber dado un “latigazo” y tirar sobre la mesa “that Mexican Thing” (esa cosa mexicana). Me sentí aludido: pensé en una prima que espera ansiosa su enésima liposucción, pero también en mí mismo, cetáceo en recuperación, condenado una vez más a comer tanta ensalada que en vez de digestión solo hago la fotosíntesis.

La cosa es que me ofendí y pensé que es bastante común que la peor versión del Gringo Malo, el ignorante y rebuznado, el que realmente se siente identificado con las bravatas del imbécil de Trump ha de utilizar muy a menudo el término “cosa” para definir el marasmo inimaginable, eso que tanto los rebasa y que llamamos “México”. La cosa es que quien dice la cosa mexicana para intentar suavizar o evadir la declaración de Trump en el sentido de que México “solo ha enviado violadores y asesinos al norte de nuestra frontera” no solo peca de supina ignorancia e íntimo desprecio, sino que confirma que los adalides de la política mexicana, el presidente de los pendejos, el pelmazo ya renunciado, la que lleva la agenda, el que abrió la puerta del helicóptero simplemente no lograron absolutamente nada con la bochornosa imbecilidad con la que dejaron entrar a México al paladín de quienes nos definen como la cosa.

Para ellos México es esa cosa como inmenso moco levitando en el imaginario del reino de los rubios de baba necia. Un poposillo intocable, moquito de changuito chiapaneco, de esa tierra tan lejana donde se comen chapulines y los indios andan sin reservación, el país insólito de los millonarios con corbatas anchas de nudos horribles y divas de telenovela como primeras damas de palacios o ilusión de capo chafa; plastilina de palacetes, de licenciados sin licencia y la cosa es que si le rascamos a la manada, ni el garañón nos queda, pero la cosa es que no toda visión sesgada cumple el objetivo de la definición: la cosa es que México es muchísimo más que una cosa y que entre las muchas cosas que tiene y honra, que hereda y transpira está la voluntad inquebrantable de sus mujeres y ancianos, la honra más que honrada de quienes no salen en las pantallas y no desfilan en los partidos políticos, el valor y tenaz afán de quienes hacen lo que tienen que hacer todos los días en las aulas, en talleres, en casas de magros presupuestos y empresas que levitan con alfileres; esta cosa monumental y maravillosa de paisajes diversos, de trabajadores incansables, de siglos y siglos de palabras en varios idiomas que se han fusionado como el crisol, entre todos los sabores de todos los colores que se comen, generosa tierra de mentiras y verdades, de ojos que llevan agua en la mirada y la piel de arena, de frutos que irradiaron al mundo y leyendas que siguen nutriendo la imaginación de los humildes y de los niños o de los que no tienen que leer que les da mucho gusto saludarnos en pantallitas de teleprompter.

La cosa es que México es mucho más que una cosa, y que entre tantas cosas, lo que da coraje y tristeza es que de vez en cuando se le salga a un pinche gringo el recurso fácil de minimizar las pedradas, las acusaciones, los muros y las rejas calificando el tema de latigazo a la cosa mexicana, y la cosa es que da aún más coraje que los abusadores de costumbre, los políticos en su estulticia y los poderosos en su amnesia, no sean capaces de escuchar ese ruido que es el silencio, ese chopo de agua y el montón de piedras, ese relámpago verde sobre la región más transparente, mosaico invisible y música callada que somos todos quienes de veras somos de México (y no necesariamente porque nos sentamos en sillones de forro verde, ¡qué cosa tan fea!), y la verdad de las cosas ha de ponderarse por su peso el tamaño de su verdad o la fragilidad con la que algunos intentan decir cosas que en realidad no son, y allí está la cosa.

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