Infamia

Ése y esos del fuero; esas que se creen inmunes y son cómplices; aquellos impunes, todos. Amnésicos e ignorantes, imbéciles e inhumanos, sanguinarios animales irracionales, dementes hijos de la chingada, perra, puta madre; encorbatados o uniformados, raperitos de sonsonetes de lobotomía, hipnotistas del vacío contagioso, gorrita de lado, cadenas de oro, camisa vaquera, playera estampada, mirada perdida, sonrisa rumiante, rostro en campaña, hueso por venir, partidas por gastar, evidencia escondida. Muchos, mayoría, minoría, aludidos y coludidos; esas y otras, unos y uno. Tú y Ella, Él y el Otro, los demás, los del escritorio de lámina y los de la pick up destartalada, la vida rápida y el invento ministerial, los especialistas en seguridad y los beneficiarios de la inseguridad generalizada. Los prometedores y deudores, los hipócritas y prófugos, promulgadores y promotores de la nada o el engaño, los plagiarios y abusadores continuos, los cantantes de corridos que hacen oídos sordos en las fiestas de los sicarios, los abogadillos miles que se hacen de la vista gorda, las edecanes prostituidas en fiestecitas donde se bendicen las armas, la legión de piratas y el mar donde se mezcla todo el caldo de cultivo hirviente de la escoria. Esos, todos, aquellos, ellas, estas, algunos sin indulto ni amnistía posible. TODOS, absolutamente todos, llegarán al instante impredecible en que enfrenten el espejo inapelable de la justicia… o no.

Tres más 43, y 75… y 140… y más de 100 mil muertos y más de 30 mil desaparecidos… y todos los nombres y apellidos y las biografías de sus deudos y las vidas por vivir, truncadas y la necia y falsa explicación de que todos y nadie sabemos dónde y cuál es el lugar y hora equivocados. Ventitrés, y 120 y media docena y un solo periodista muertos que advertían de la negligencia y el peligro ya no potencial sino potentado del crimen desorganizado que se ha organizado como clon de un Estado fallido hasta en sus himnos. Setenta mil y siete, 400 y 12, miles de mujeres violadas ya asesinadas, millones de jóvenes abandonados en el olvido de la gran maquinaria oxidada, de la retórica hueca y de los programas inservibles. Millones de mexicanos expuestos a la enigmática y engreída sonrisa absolutamente falsa de sus dirigentes, y cerca de 150 mil aduladores de un rapero pozolero, experto en disolver cuerpos en ácido por un sueldo de 3 mil pesos a la semana.

Esto no es una guerra: esto es el abismo. Los bandos contendientes ya se mezclaron y confundieron entre ellos, así como se confundieron y mezclaron los pantalones caídos y las gorritas de visera ancha de los sicarios y sus fans, así también las corbatas de nudo ancho y las camisas de supernarco, así también el capo infatuado con una ex diva de telenovela y el Presidente de la República casado por ahora con una ex diva de telenovela, las casitas blancas ostentosas y decoradas por el mal gusto de evitar libreros o estanterías de uno y otro bando que jamás serán hogar. El vacío y la absoluta falta de todo, nada, respeto, vergüenza, palabras, cara, honra, alma, conciencia, responsabilidad, razón, ley, límite… solución, castigo, justicia.

Estas líneas van para honrar las vidas cegadas e ilusiones ya veladas de tres cineastas que empezaban a escribir los guiones y a acomodar las luces y a dirigir actores y a acomodar la lente y a fijar la vista y a mover la cámara y guardar silencio y de pronto poner en movimiento lo invisible. Estas líneas van para todos los jóvenes que aún distinguen el imperio de lo mejor de sí mismos por encima del infierno de las maquinarias que secuestran su empeño y voluntad. Estas líneas van para los deudos que no hallarán consuelo y los miles de familiares de miles de muertos y víctimas, heridos y desaparecidos de este México al filo del mismo desastre que arrastra desde hace años. Estas líneas van para los tres estudiantes que son todos, a los que confundieron y disolvieron desmembrados en ácido para horror y espanto de todo ser humano. Todo esto para recordar que no se trata de un problema nacional ni regional, sino una ola incontenible de lesa humanidad en el peor volumen de la historia universal de la Infamia.

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