Era de burlas

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El insulso personaje anónimo que aparece dibujado al lado de estos párrafos aparenta un sosiego inexistente, una normalidad engañosa y un rostro que se oculta tras la negra neblina de su propia conciencia. Es uno que son miles. Biografía clonada en silencio cada vez que un energúmeno desata la baba insensata de la ira en las redes sociales, en mentideros públicos o en sobremesas de cierta familiaridad. Cada vez que alguien no logra medir o ecualizar el peso de sus enconos y desata la saliva iracunda de sus odios, sin medir o ponderar consecuencia alguna, el personaje desdibujado en esta página parece cobrar una renovada vitalidad en medio de la nada: son los que empezaron por reírse hasta el aburrimiento con caídas o tropezones ajenos en los patios de las escuelas, y de allí pasaron a una formación más ensañada al carcajearse de toda desgracia próxima o prójima en tanto no le afecte a uno.

Generalmente silentes o en ocasiones estruendosos, son entes profesionales de la burla y del insulto. Protagonistas del lanzamiento de piedras, petardos o balazos escondiendo la mano que jala el gatillo, escudados hasta ahora en una cuestionable impunidad. En sus venas se han filtrado varias formas del racismo, no pocas expresiones de odio genérico, generacional, religioso e ideológico. Han apuntalado la era de la burla en la que vivimos: los tiempos del insulto desatado, en donde lo primero que se burla no solo es la cordura o la mesura, sino burlarse de toda norma o ley escrita. La era de la burla glorificada en constantes memes que apuntan a la carcajada fácil, y a menudo sembrando un ovillo de auténtica fermentación rayana en lo criminal.

Hablo de quien pasa del chiste cruel, de la broma pesada o befa cuasi imperdonable, a la abierta agresión o denostación irracional. Hablo de quien, revelando sus preferencias, aficiones u opiniones aparentemente inapelables pasa luego a la cuchillada implacable no necesariamente verbal. Una cosa es expresar descontento, hartazgo e incluso enojos ante una cantante falsa o un actor mediocre, y otra muy diferente lanzarle bravatas muy parecidas a las amenazas de muerte; peor aún, cuando hablo de quienes se burlan jactándose de la muerte de un torero (aparentemente gozando abiertamente por su defunción) y otra muy diferente criticar o reprobar las corridas de toros, sin mediar siquiera la posible ponderación de la ignorancia o desconocimiento. La era de la burla desatada ha llegado a rebajarse a intentar responder a las dementes declaraciones de un engreído y peligroso fanfarrón como Donald Trump, con el mismo lodo y lamentabilísima estupidez con las que el millonario ha fincado su fortuna de desfalcos y desastres.

No es día para prolongar párrafos en abono de la razón o de la discusión con argumentos sensatos. El muñequito que se dibuja en este papel periódico, destinado a disolverse en cartón amarillo por el paso de las horas o la educación de un cachorro en casa, exige al menos que lo apuntemos con la vista, que no perdamos el ojo ante quienes aparentan una normalidad que en realidad no encaja de ninguna manera en convivencias posibles. El monito dibujado en estos párrafos quizá vivió una biografía infantil que no era más que de burlas y, aunque parece estar haciendo fila en una panadería sin ofender a nadie, en realidad viene de inundarse la cabeza con horas largas de pornografía indecible en la pantalla de su computadora, o parece que camina ya de corbata y elegante a una reunión de estudio cuando en realidad se dirige a la banca de un parque donde escribirá los peores comentarios posibles ante la desgracia ajena, el hambre de los desposeídos, la locura de los desahuciados, la muerte de un banderillero, la pierna rota de un jugador engreído, las canciones que entretienen a los que ya solo tienen el consuelo de cantarse a sí mismos melodías en blanco y negro, de un mundo remoto y un tiempo que poco a poco se esfuma, donde incluso las burlas, las burlas veras, los insultos y todo lo demás parecían cuadricularse en mínimas cuadrículas de eso que llamaban respeto… hoy pisoteado sin límite y consideración.

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