Entre la Verdad y la Belleza

Entre la Verdad y la Belleza

Taiye Selasi llegó a Cartagena para compartir en voz alta los murmullos que a diario la hacen escritora. Discípula de Toni Morrison, Selasi empezó su participación ante los becarios de la FNPI subrayando como guías de oficio la constante búsqueda de la Verdad y la Belleza.

Más adelante, acotaría que esos faros no excluyen la aparición constante de las diversas fealdades del mundo o el entramado de mentiras que suelen aparecer entre las creencias inapelables, pero la autora de la brillante novela Lejos de Ghana aclaró que el oficio de escribir abre un abanico diverso de senderos narrativos, pero procurando mantener como faros de dirección y ánimo la búsqueda de verdad, una entre muchas y posibles y no necesariamente en mayúsculas, así como la belleza no en la definición estética acartonada, sino en el valor estético intrínseco que revela la palabra.

Para beneficio de sus pares y oyentes, Selasi recordó que todo aquello que llega a manos del lector no es más que la versión final de una serie indefinida de versiones preliminares y que –como le indicó en su momento su laureada maestra Morrison: “los escritores no somos actores que ya no pueden enmendar sobre el escenario sus parlamentos, sino autores que contamos con la maravilla del borrador que se puede corregir”. Así, Selasi confiesa que el secreto de escribir está precisamente en saber des-escribir (que no es lo mismo que simplemente borrar) y que en la pre-escritura se desarrolla en cada quien “el arte de cometer errores”.

Para Taiye Selasi la prosa de no-ficción o en periodismo literario utiliza las herramientas de la ficción para fijar como base la ubicación de un LUGAR. Narrar el espacio detalladamente del escenario donde ocurre lo que se ha de narrar y así, en sus crónicas donde enfatiza minuciosamente la calidad y perfil de la luz, así pone al servicio del lector las preguntas clásicas sobre quién, cómo, cuándo, etcétera. En esta suerte de amable obsesión, Selasi toma notas visuales con la cámara de su teléfono o bien con su cámara digital; son imágenes que buscan congelar en la vista lo que la escritora utilizará después para hilar los párrafos de sus crónicas, reportajes e incluso la trama de sus novelas.

Selasi ha registrado con la vista y con tinta lo que no se ve al otro lado de los muros, sea el Muro de las Lamentaciones en Jerusalem –del lado de las mujeres—o muro de la noche en los territorios ocupados de Palestina, el reino de las cenizas caídas o la ausencia de ruido en una discreta bahía donde parece que la Tierra llega a la orilla para comerse al mar y todo en abono de una consigna que regaló a todos los asistentes: aprender a guiarnos no por lo que sabemos o creemos saber de un tema, sino por lo que no sabemos de lo que sabemos.

Con una sonrisa que ilumina los párrafos perfectos con los que improvisa una conferencia como la de hoy o la conversación al vuelo, Taiye Selasi parece seguir fielmente el sabio consejo de Rilke en la séptima carta al joven poeta Kappus: si uno descubre que no puede vivir sin escribir no queda de otra más que escribir todos los días, incluso cuando parezca que no se escribe por recorrer el paisaje con la vista y otros sentidos y además, Selasi es tipográficamente de los escritores que no están peleados con un espacio en blanco entre párrafos o entre capítulos sin recurrir a una impostación de continuidad… y así, de pronto se pasó rápido el tiempo de la charla y quedamos todos en espera de que se abrevie el espacio de su silencio o presencia para seguir aprendiendo de una autora brillante que, sin embargo, advierte que la inteligencia como sapiencia inapelable es una herramienta inútil y es mejor apostar por la cotidiana puesta a prueba del oficio de escribir como quien cuida el instante de una flor.

Leer en el blog Café de Madrid

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