En espera de prosa

espera-prosaBusco el verso que alivie tanta noticia de sangre, o la rima infantil que distraiga la vista de tanta desgracia y desorden; busco el poema como flor que aligere el peso del calor sofocante y sea como una brisa de sílabas parecida al silencio. Busco la crónica de los testigos que ayudan a entender el enredo y desvelan tanta mentira y el simulacro de los discursos, incluso sabiendo que se juegan la vida por compartir la noticia, por simplemente informar lo que queda a la vista de todos, censurado por la ceguera oficial; busco los cuentos, todos los cuentos y relatos de los jóvenes que no han encontrado otro camino de salvación que apostar sus almas en la violencia, o las historias de las jóvenes que nada tienen que ver con tanta desgracia e invierten su ilusión en el primer noviazgo; busco leer también el dolor de las mujeres que huyen de taxistas clandestinos, y los niños que corren por los parques para alejarse de la engañosa amabilidad de un lobo que lleva días acosándolos con caramelos y oraciones tiernas.

Busco encontrar el memorial de los viejos que vivieron tiempos peores, de cuando la ciudad y el país entero olía a colgados y pólvora en los manteles de las casas, donde apenas se lograba inventar una sopa de nada. En papeles amarillos quizá aparezca la reseña de un baile que terminó a balazos y el concierto donde simplemente no podían salir las notas de todos los instrumentos de los músicos y, sin embargo, el público aplaudía de pie, o la detallada crónica de un partido de futbol que solo vieron quienes asistieron al estadio, en esa época en que no se transmitían a todos los ojos las jugadas inmortales de los jugadores que no tenían por qué fingir lesiones o actuar a cámara los reclamos al abanderado… y espero encontrar la narración verbal de una historia jugosa como las que contaban las abuelas que se iban por las ramas y volvían al cauce de la fábula con explicaciones que hilaban la trama como si zurcieran la imaginación de los nietos, sabiendo que tarde o temprano llegaría el sueño donde cada uno seguía inventando la misma historia.

Busco el libro que logre convertirse en un perfecto plan de evasión, un escape en tinta para viajar a quién sabe qué paisaje y en quién sabe qué tiempo, con tal de alejarme de la inmediatez contundente de todo lo que está pasando en gerundio. Imagino las ansias de pasar las páginas sabiendo que las yemas de los dedos de la mano derecha llevan el cálculo imaginario de lo que falta para el final e imagino la anticipación de un diálogo largamente esperado entre dos personajes que se saben amados sin que se vean a los ojos desde el capítulo tercero de una historia que prometía escribirse de otra manera, o la escena estruendosa en la que el protagonista regresa de un viaje para reinstalarse en la sobremesa ininterrumpida de todos sus amigos intactos, o el momento en medio de un párrafo donde una niña sale a la cubierta de un barco y se agarra del barandal en medio de una tormenta apocalíptica y canta una cancioncita pegajosa que hace que el lector intente acompañarla en medio de la madrugada, entre las almohadas que se han arrugado como oleaje en la cama revuelta del insomnio más cómodo del mundo, allí donde afuera queda todo el ruido y las angustias y las injustas insinuaciones de los chismes y la contundente vergüenza de los crímenes y los plagiarios que se creen siempre dignos de continuar mostrando sus fauces hipócritas.

Busco la hilera de letras que desfilan con su tinta sobre la blanca página como nieve en medio de la primavera, hormigas de tinta que se conocen de oídas y de otras partituras, ahora reunidas en el sendero de una historia que se va narrando solita sobre los párrafos que quedan como manchas sobre la pradera blanca de una página o pantalla que se subraya con lágrimas o se empaña ligeramente con el vaho del asombro, y las pestañas que se caen sin aviso en la página por donde el dedo estorbaba una palabra clave, o la frase contundente que explica perfectamente el nudo de la trama, el vórtice donde se arremolinan tantas noticias y nombres y tantos datos y lugares memorizados sin obligación, y toda la confusión que parece amoldarse a los finales de un mayo que ya no volverá a aparecer en las páginas del entrañable volumen personal e impreso a mano, en tipos móviles, de la vida misma que se respira y transpira constantemente en busca de prosa.

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