El ‘Infinito’ es ‘Afarolado’

Contraquerencia. Vigésima segunda de Feria de San Isidro 2017

infinito-afarolado

Si partimos del supuesto de que la eternidad es una Larga Cordobesa, podríamos derivar en que el infinito es un lance Afaroladoa una mano, que por lo menos hoy en Las Ventas fue corroborado, subrayado o rematado con una Larga a media altura que contuvo todo un tiempo entre sus vuelos durante apenas unos mínimos instantes. Se llama Cayetano, no sé si venga de Ronda, pero es bisnieto, nieto, hijo, hermano y sobrino de toreros legendarios y se le nota. Venía con un vestido en purísima y oro y al ejecutar ese lance afarolado como remate a un quite por Tafalleras presagiaba lo que al final sólo quedó en ilusión, así como algunos detalles efímeros que lograron José María Manzanares y el muy joven Joaquín Galdós que confirmó alternativa, vestido de teja y oro. De los toros, herrados con la remota añoranza de Veragua que lleva en su encaste Juan Pedro Domecq y el sexto de la ganadería de Juan Manuel Criado no quiero ni hablar, ni recordar que uno de ellos se veía bellísimo de lejos aunque resultó más atractivo para un taxidermista atrevido que para la lidia en plaza pública.

Al parecer, Manzanares venía vestido con la grana y oro del año pasado, el día del faenón inolvidable al toro Dalia que era de rabo y ¡ay, perdón, ya pisé un tabú inapelable en la conciencia enrevesada de Madrid!, pero cualquiera se sorprende con la desdeñosa majadería de no haber ni intentado sacar al tercio al diestro ahora que volvía, algo que quizá sí se filtró entre los aplausos con los que el otrora llamado “respetable” parecía agradecerle a Cayetano haber vuelto después de varios años de ausencia o las ovaciones que explotaron para su cuadrilla, luego de un buen tercio de banderillas, o el reconocimiento a fulminante estocada con la que Galdós (de Perú, mas no de Canarias) confirmó su alternativa precisamente como Matador de Toros y otras raras reacciones, como la ya acostumbrada manía de cierto sector que protesta siempre y por todo o aquel enigmático solitario de andanada que vienen todos los días para clamar en el desierto su diatriba contra viento y marea (amén de ajena a las opiniones de los otros 28 mil testigos de lo que supuestamente le enfada)… y así, todos los tiempos que caben en el tedio de una tarde calurosa que parecía eternizarse por momentos, mas no en la forma de esos delicados instantes en que un hombre vestido de purísima tuvo a bien condensar el relámpago de lo infinito es un hermoso lance Afarolado.

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