Descordar

Contraquerencia. Décimo cuarta de Feria de San Isidro 2017

descordar

Hubo un ayer en que los viejos mozos de espadas pedían a gritos desde el callejón que su torero aplicase doblones o un trincherazo que le quebrara la espina al toro incómodo, ése que calamochea y sale probón, siempre buscando la cornada más que propinar la embestida noble. Lo que quizá nunca se había visto es que un torero descorde a un animal por el solo hecho de pegarle un cardíaco pase cambiado por la espalda. Así pasó con “Hoacino” de Nuñez del Cuvillo que se descordó en el eléctrico inicio de faena con la que el joven Roca Rey tuvo que confirmar lo caro que cobran las orejas en Madrid: siendo sacado el año pasado en hombros, hoy se le criticaba hasta el milimétrico empeño que siempre pone en los quites, las tandas de pases a sus dos toros y ese descordado sexto que rima con el incordio constante del solitario inconforme, necio náufrago de la andanada anónima que palmotea su constante inquina y también el incordio ya acostumbrado del Tendido 7, con un arsenal ya predispuesto para el discordio: mantas, pañuelos verdes, la sincronización de sus aplausos de protesta y la sintonía en el coro griego cada vez que se pica un toro o cada vez que les parece falta de trapío lo que en realidad aprecian mal y de lejos.

Contra todo lo discordante, Juan Bautista vino a Madrid como debe de hacerlo un Primer Espada: concentrado con torería en cada ápice de sus pasos sobre la arena y en particular, en la faena al tercero de nombre “Relatero”, un colorado chorreado no tan bello como el salinero que abrió plaza, fue un ejemplo de concentración, pues allí dónde toda la plaza se predispone a quejarse, a criticar la ubicación exacta de las zapatillas en la escuadra del cite e incluso, pedir a la carta que el Matador realice la estocada en la suerte de recibir, Juan Bautista demostró que hace lo que sabe hacer y lo hace bien. Añado un hermoso quite por Crinolinas que nadie sabe nombrar y que confunden con estulticia, y concluyo que este torero está para quedarse y subir como espuma.

Párrafo aparte, Talavante. La faena a su primer toro de nombre “Tristón” y los altos vuelos de su trasteo a “Nenito” resumen una tarde de altos vuelos, con tandas por la derecha y naturales desmayados de intensa y distinguida calidad. La seriedad con la que torea y el desparpajo con el que ha mirado al tendido (hoy y el otro día), más el inmenso mérito de irse por su propio pie a la enfermería, una vez que recibe la merecida oreja del “Nenito” de 538 kilos de Cuvillo que lo corneó y que tuvo recorrido y que en general coincidió con sus hermanos de hierro en una muestra de bravura boyante, de recorridos largos y recargados en los petos… y sin embargo, todo lo que escriba yo aquí no coincidirá con la opinión del respetable ni los desahogos de los profesionales de la crítica simplemente porque hubo un instante en la tarde en que por la dureza del ruedo (y de la plaza) y el cambio violento del viaje (en la embestida y en los engaños) hace que todos terminemos descordados.

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