De cabeza

de-cabeza

En ameno convivio marcial y protocolario se llevó a cabo el banderazo con el que se inaugura oficialmente el Año de Hidalgo, ese hermoso broche anímico y presupuestal donde funcionarios de todo nivel dan rienda suelta al hurto y deshuesadero de toda institución oficial. En esta ocasión (y solo por hoy) pongamos que el Ejecutivo en persona no tuvo nada que ver con el simpático gesto con el que los soldados de uniforme quisieron brindar una variación histórica: izar el lábaro al revés en una clara metáfora espectacular de que el sexenio languidece de cabeza, a pique y directamente al abismo que se ha construido con tenacidad, amnesia y estulticia. Quizá faltó hielo seco y que una linda damita descendiera rodando por una escalera de caracol, envuelta en una sábana inmaculada, emulando a la morenaza que ilustraba las portadas de los antiguos libros de texto y que las nubes se mezclasen con pólvora perfumada de 21 cañonazos falsos, mientras una tribuna de obedientes burócratas formaban un mosaico monumental que rezara en código morse: o-r-a-b-á-L—…—o-i-r-t-a-P.

Al fondo, con la Banda Militarizada de Huipanguillo, los acordes inmortales de “El reino del revés” en voz del eterno Chabelo, niño-adulto y prócer que ha visto en persona absolutamente todos los desfiles que han entrado y salido por la faz de la Patria desde que Hernán Cortés ingresó en Tenochtitlán por la estación Portales de la línea azul del Metro. Contenidas las lágrimas, los presentes miraban orgullosos —no sin azoro— el hermoso vuelo invertido del águila engullendo la serpiente milenaria (mientras que en voz baja alguien comentaba por enésima vez que se trata del único escudo en el mundo que glorifica visualmente ese estilo personal de gobernar donde un animal se come a otro); en perfecta coreografía silente, los diferentes nudos de las corbatas formaban un colorido horizonte tonal como serpentinas al vuelo, y la extremada elegancia de las damitas insinuaba por un momento el psicoanalítico desprendimiento de todo lo indígena: adiós al rebozo y las flores en la testa, he aquí un diorama de modernización absoluta y desbordada estética: la genial ocurrencia de izar de cabeza la bandera más grande del armario para clamar, en respetuosa congruencia, el bono y la dádiva que todos ansían con urgencia: esos presupuestos inflados que no se pueden quedar sin gastar, esos impuestos dispersos que rendirán mejores réditos si se invierten en Panamá y esos centavos que normalmente pasan desapercibidos. El festival ya no velado donde se suman los miles de millones de pesos que no son más que millones de dólares de la generación más astuta de rateros gobernadores en la historia reciente de México, aquí donde se evade toda posible pista moviéndonos en efectivo, cuentas fantasma, giros invisibles y el tres veces H. lavado de capitales que pone todo del revés.

Tarolas, timbales y cornetas anuncian la caída en picada, resbaladilla de cabeza de cientos, si no es que miles, de felices desatados en el frenesí del robo y el despilfarro, todo al filo de un lacrimógeno telón de despedidas amargas; canta el lento son un mariachi invertido que se yergue sobre sus sombreros como ceniceros y desfilan las legiones de uniformados incautos en paso ganso con las palmas de las manos sincronizadas, mientras en las botas y huaraches llevan los legendarios penachos de su propia penitencia. En solidaridad, no pocas taquerías han decidido colgar de cabeza el trompo de los tacos al pastor, así como los relucientes biplanos de la Fuerza Aérea realizan un pase bocabajo por encima del Campo Marciano formando con estelas de fumigación la leyenda invertida que nos marca el rumbo de este año electorero: algo deje que el madre su Chingue. Hermoso espejo aeronáutico que cubre como telón de Tiffany’s el escenario policromado y sensacional donde no vale la pena subrayar que una bandera invertida en el campo de las batallas significa derrota y que ha caído la plaza, o bien la serena insinuación de solicitar auxilio; pero eso no vale la pena ponderarlo, pues implicaría que un puñado anónimo de Héroes Niños del siglo XXI decidieron jugarle la broma a la liturgia del Estado y desenrollarse el lábaro al revés nomás para que conste lo cerquita que estamos de caernos de cabeza directamente a la chingada.

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