Colón incólume

cristobal-colonLa columna incólume se alza en medio de tantas calles –el parteaguas donde Castellana se convierte en Recoletos, allí donde la Biblioteca Nacional mira de frente al Museo de Cera—y con una amplia plaza a su vera, donde antes estuvo esquinada hasta que la movieron al centro mismo del flujo vehicular. Allá arriba, Cristóbal Colón mirando en lontananza, hacia la mejilla de Cibeles o hacia el andén del Ave en Atocha. Dicen que mira a América, el continente bautizado con el nombre del Otro y que sería más fácil que mirase hacia el aeropuerto de Barajas, ahora llamado Adolfo Suárez, y el Almirante genovés se queda de una pieza, absorto en la confusión que han provocado a lo largo de los siglos sus propios errores de cálculo, astrolabio y compás.

Creyendo haber llegado a las Indias Occidentales, a la Conchinchina y Catay, Cristóbal –el del nombre perfecto para justificar una evangelización—vuelve con el huevo en la mano para decirle a sus Majestades que la Tierra es redonda como una naranja, conclusión idéntica a la que llega José Arcadio Buendía en su encierro de soledad y silencio, fundiendo peces de plata para encontrar la piedra filosofal que nos explique este enredo trasatlántico donde España conmemora con desfiles lo que llaman acá Día de la Hispanidad, que es día de la Virgen del Pilar, mientras que en Estados Unidos es simplemente el Día de Colón y en México, Día de la Raza.

Han dicho que Colón no era en verdad genovés y habrá quien se desviva por declararlo catalán; hay quien asegura que no sabremos nunca su verdadero nombre, los misterios de su biografía, los pormenores de sus travesías más allá de lo consignado en sus diarios de abordo, su bitácora de mareado, pero hay que añadir que seguimos en el intento de desenmarañar la maravilla, el espanto del medio mundo que habita la ñ: las comunidades indígenas y las sociedades descendientes de varias Españas, la geografía mestiza, tierra de mescolanza y diversidad, definiciones en plural, constante conversación y coros de millones que parece que cantan al hablar por encima de monólogos o dictados. El maravilloso mosaico multicolor de un mar que parece revolotear a los pies de un navegante inmóvil, con la mirada perdida, incólume.

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