‘Casco Capitalino’

casco-capitalino

Que no le digan, que no le cuenten que la Luna es de queso: compre su Casco Capitalino y olvídese de las jaquecas propias de haber sido defeño y despertar de pronto CDMezquino. Bara-bara, bara-bara, el casco en cuestión le permite la navegación JePe-ése proyectando en la visera —como si fuera pantalla—las líneas del Metro en colores, las rutas de los micros y la identificación instantánea de gandallas y agandalles por igual. “Es chida la función donde te deja ver películas como Lagunilla mi barrio sobre la misma realidad conforme avanzas”, dice un agradecido usuario. Casco Capitalino le permite a usted navegar la Ciudad de México a su antojo: que resulta que extraña la época rumbera de las avenidas con palmeras y tamarindos que chiflaban como Pedro Infante, o que extraña la época a gó-gó cuando el Loco Valdés se trepaba a los vochos para evitar embotellamientos, Casco Capitalino le ofrece “Escenarios variados del pretérito de Anáhuac”; quesque la región más transparente o la cosa de encantamiento que soñó Bernal Díaz del Castillo, o quesque el encanto parisino de don Porfirio, Casco Capitalino le permite ver morenas en cada muñeca que se le atraviese en el camino, revolucionarios e institucionales en cada burócrata con corbata ancha tipo Carlos Lico o neoliberales de cantadito millonario en cada mamuco que no respeta las señales de tránsito.

El Casco Capitalino coayudva en la lucha contra la contaminación (Segob, coma frutas y verduras) al permitir la inhalación dosificada de toda partícula de materia fecal, y una ilimitada ingesta de imecas, filtradas como mentolada inhalación de esperanzas variadas. Es, además, auxiliar en el tratamiento capilar de todo alopésico, así como de albañiles con pelo de brocha gorda y, sobra decirlo, permitirá en el largo plazo la erradicación de la fealdad generalizada, poblando al antiguo DeFe con legiones enteras de cráneos homónimos. Por si esto fuera poco, Casco Capitalino alivia toda frustración cíclica y electoral: afine y refine su visera, y todo político parece recién inventado (sin antecedentes culposos ni currículum bochornoso) a ojos visto sin un pasado que lo avergüence y con todo un futuro utópico proyectado en alta definición sobre la tersa pantalla curva del visor. Previsor, y al servicio del cliente, el inventor de Casco Capitalino garantiza una solidez a prueba de toletazos de granaderos y botellazos de barras futboleras.

Seguridad y confort, confianza y orientación geográfica son virtudes que solo Casco Capitalino ofrece para el ciudadano mexicano. Además, llama ahora mismo y recibe totalmente gratis el chip gastronómico que le proyecta (aromas incluidos) la Transformación Transgénica del Taco, la Torta y el Tamal, que le permite degustar seis de suadero como si fueran filete a las brasas, una cubana y la clásica de pierna con quesillo proyectada a la cordon blue, y qué decir del tamal psicodélico (incluye colores neón), con lo cual todo manjar callejero se aleja de las condiciones insalubres en las que normalmente se ofertan y pasan a convertirse en alegres escenarios de obligada degustación saludable. Diversos clientes se han manifestado más que satisfechos con la cómoda masticación y digestión que ofrece Casco Capitalino (incluso sin levantar la visera).

Imagine usted el segundo piso como jardín colgante de Babilonia, enredaderas que se desparraman en todos los tonos del verde desde San Antonio hasta San Jerónimo o proyecte usted el paradisíaco camino hacia Satélite, pasando por Polanco, como un llano nevado como blanca alfombra libre de toda naquería, o bien, fije su vista en la calzada de los Misterios como una vía de constante peregrinación de guadalupanos en flor, y Casco Capitalino se lo ofrece, con bocinas integradas y sintonía garantizada para cualquier estación favorita de radio.

Que no le digan y que no le cuenten, esto es mejor que Fosfo-Vita-Cal (que contiene fósforo, vitaminas y creo que cal, también) por tratarse de un casco anatómicamente correcto que, además de proteger la inigualable anatomía craneal mexica (heredera de las heroicas cabezas de los Caballeros Águila), proyecta para toda dioptría, estrabismo o ceguera la idealización de la Ciudad de México, que todo habitante —ya de por sí— hace al soñar que desaparecen los abusos, se esfuman las corrupciones, las obras estorbosas, los deprimidos-pantanos en potencia, las mentiras y los silbatitos de alarma.

Leer en Milenio

Show Buttons
Hide Buttons