Cartas de Cuévano

Un romance antiguo

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Decía Eliseo Alberto que la amistad es un romance y tanto creyó en eso que escribió su hermosa novela Esther en alguna parte para apuntalar en el lector que toda amistad es un romance y –además- que quien no cree en la amistad a primera vista no podrá creer tampoco en el amor a primera vista. Dicho lo anterior, hace días me re-encontré con un viejo cuento –efectivamente, cursi—que intenta honrar una de las formas más primitivas del afecto incondicional y se me ocurre ahora dedicarlo a Tom Hanks, a quien no conozco pero desearía que fuera mi amigo. Desde que debutó en un efímera comedia de la televisión y en casi todas sus actuaciones y afanes fílmicos he sido admirador y deudor del ánimo con el que navega el mundo, ya sea brincando como niño sobre las teclas de un inmenso piano o bien como el milagroso tonto que siempre aparece en el lugar y el tiempo justos y también como el maestro de primaria convertido en sargento de un pelotón que recorre una parte de Francia en busca de un solo soldado desamparado por el azar. En fechas recientes, Hanks ha patrocinado una aplicación para los teléfonos inteligentes ... Leer Más »

En busca de Manolete

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En una película sin colores se ve a Manolete bordando el arte en la vieja plaza de El Toreo de la Ciudad de México; atrás del milagro, se observa a un guardapuertas (que no monosabio) vestido de filipina blanca y gorra ídem que rompe todo protocolo y no sólo jalea cada muletazo del Monstruo de Córdoba, sino que alza los puños en eléctrico frenesí… pues, ése anónimo entusiasta soy yo y soy también una de las muchas amas de casa que acudieron a la Regencia de la Ciudad de México a solicitar que se dejara de anunciar a Manolete en la Temporada Grande porque afectaba notablemente el presupuesto de cada economía familiar y soy el locutor Paco Malgesto que entrevistó a Manolete en Sanatorio de los Toreros, luego de una cornada en la que todos los tendidos vieron que el toro se le echaba encima y al preguntarle por qué no se había movido, el Monstruo respondió: “Porque si me muevo no soy Manolete”. Soy el anónimo madrileño que lo vio entrar por la puerta giratoria de Chicote y la vieja vestida de luto que lo vio fumar un pitillo al filo del patio de cuadrillas, recostado sobre un muro ... Leer Más »

Navegación de eternidad

Álvaro Mutis y Jorge F. Hernandez

Reunidos en la Abadía de Fontevraud, donde yace Leonor de Aquitania, un grupo de amigos y estudiosos de Francia, Colombia, Ecuador y México aprovecharon el paisaje para rendirle el primer y más que merecido homenaje que se le debía a la vida y obra de Álvaro Mutis desde que –según las enciclopedias—se fue de este mundo. Lo cierto es que, como Macqroll el Gaviero, Mutis no podrá hacer ídem jamás: su poesía está ya tatuada con no pocos versos entre lo mejor que se ha escrito en lengua castellana y de sus novelas, hay por lo menos tres que son memoria viva de la mejor prosa posible, sueños en tinta que van remontando los paisajes de una memoria que se contagia. Allí va el gaviero y Mutis al timón de una obra imperecedera, con la sonrisa amable y el comentario erudito, con la sapiencia inquebrantable del silencio y la grandeza con la que sabía destazar a la estupidez ajena con su gorra de marinero griego, con o sin bigote, pluma en ristre. Pour Álvaro Mutis se llamó el encuentro que viene organizando desde hace ya varios años el escritor Patrick Deville y el caballero andante Philippe Ollé-Laprune, quienes dedican tiempo, ... Leer Más »

El sueño del loro

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La pareja decidió pasar el día en el pueblo de Banff, provincia de Alberta en el occidente de Canadá. Viven a dos horas de distancia, en la ciudad de Calgary, pero vienen a Banff por estar enclavada en el paraíso: montañas de nieve en un verano de cerros con todos los verdes posibles, senderos por donde se asoman alces y de vez en cuando, tímidos osos que intimidan a cualquiera. Ella es boliviana, chismosa y aficionada a la ópera. De hecho, canta arias de Aída y acostumbra alejarse muy poco de las manos de él, que la acaricia y le habla y la consiente. Él estudio en Humber College of Mortuary Science hace medio siglo, y dedicó la mitad de su vida a embalsamar cadáveres en una agencia funeraria. No sin nostalgia, dice recordar los funerales de amigos y familiares que él mismo preparó para el último viaje y quizá tanto silencio lo llevó a decidir un cambio de vida: en 1990 dejó la vida funeraria y se entregó al apasionado afán por criar aves exóticas. Se llama David R. Knight y desde hace años vive con nueve pajarracos del Paraíso: 3 de los llamados grises del Congo, un pionus ... Leer Más »

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