Cartas de Cuévano

Prosa de nubes

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Si hubiese un premio para el libro más emblemático de cada celebración de la FIL de Guadalajara, el de este año debería ser Escrito en el cielo (Alfaguara, 2017). Antón y Martín Casariego, Fernando R. Lafuente y un notable equipo de diseñadores han cuajado en un hermoso volumen uno de los más bellos murales de Madrid, la generosa y hospitalaria villa y corte que siempre ha sabido encarnarse en espacio plural, incluyente y multicultural. Ahora que tanto necio intenta cerrar las ventanas de Barcelona y negar los diferentes acentos de los variados idiomas que la embellecen al lado del mar, sería encomiable que alguien se anime a cuajar una antología de Prosa de las olas donde conste que el boom de toda una literatura que se fraguó al pie del Tibidabo, el hip-hop del barrio gótico y el rap del Passeige del Born no tienen nada que ver con la cerrazón racista y fascistoide de los confundidos separatistas; a contrapelo, la antología de Lafuente y los Casariego podría titularse Prosa de nubes como honra para la ciudad antesala del cielo (y allí, una ventanita para verla de lejos). Lafuente y los Casariego como efelibatas, que es decir: pastores de nubes ... Leer Más »

Gazapos

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Al filo del destape, esa ceremonia de variada liturgia donde el Presidente de México –otrora todopoderoso—empieza a perder paulatinamente su poder al designar o aprobar al candidato oficial para su propia sucesión… en fin, que al filo del destape, es tiempo que recordemos a la presente administración como campeona del gazapo. Dícese gazapo al hombre astuto, que a veces se hace el disimulado y también llaman así a los conejos imberbes, pero también es gazapo la mentira y el embuste; peor aún, es gazapo el yerro que se le escapa inadvertidamente al ignorante o amnésico por escrito o al hablar en voz alta. Es sabido que los toros supuestamente bravos que embisten a regañadientes, sin nobleza y más propensos a la mansedumbre –cabeceando peligrosamente y sin claridad—son llamados gazapones, por no decirles bueyes. Cuenta un querido amigo, casi inglés, que al tiempo que estudiaba en Cambridge University se repetía con frecuencia la graciosa anécdota de un economista victoriano que en su época –preglobalizada, preinternetiana y premoderna—le dio por dictar repetidas conferencias en donde siempre ponía como mal ejemplo los enredos económicos de la República Oriental del Uruguay: que si explicaba un modelo sobre el desastre en el precio de equilibrio ... Leer Más »

Estimados Errados

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Estimados Errados o Herrados por rumiantes rampantes y, al fin estimados, pues sólo ustedes (¿o diré vosotros?) estiman equivocadamente las cifras de su utópica filiación, las papeletas de las urnas que parecían plásticos de comida para llevar o los supuestos solemnes votos que prefirieron depositar en secreto en el pleno a medias del Parlament para sellar el papelón. Estimados incautos de la bandera inventada, del fantasma de una dictadura ha tiempo muerta y paladines de los peinados imperdonables: el recuerdo de Ringo no merece su burda recreación en la percusión de la cacerolada irracional y el flequillo de la niñita de Monsters, Inc. no merecía resucitar, con jeans gastados y llevada por la Diagonal de la mano del verde ogro estrábico, engañoso bonachón. Pues bien, hasta aquí hemos llegado estimados recelosos y racistas, remediables radicales, remendados remeros de una nao que se hundió en cuanto la razón de la sinrazón del proyecto Puigdemont aterrizó hoy en Bélgica, a la sombra del palacio de otro rey y en la carpeta de un abogado cuya ética ya ha tenido que apelar con anterioridad a la ley en defensa de quienes precisamente se han saltado toda ley. Estimados entusiastas del aislamiento, renegados del ... Leer Más »

Siempre Chesterton

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Llegó a Minerva manor recomendado por Lady Bell Robinson y aún con muchos problemas con las palabras. No obstante, estableció un afecto entrañable a primera vista con los varones (que no barones) de la propiedad. Se fue haciendo más y más caballero con los años y ejercía diversos papeles con excelencia, más allá del silente mayordomo inglés que parecía languidecer por las tardes, adormilándose en sus callados pensamientos. Se llamó Gilbert Keith Chesterton y tuvo siempre una agudeza particular por la investigación de casos no necesariamente criminales más como clérigo de sotana larga que detective de capa y lupa; en sus primeros afanes indagatorios era capaz de seguir el rollo de un papel higiénico por todos los salones de la casa y luego, permanecer impávido y ajeno al enojo humano. Se sabe que de los 15.000 volúmenes de libros que llegó a resguardar la biblioteca de la mansión, Chesterton sólo maltrató uno (El Corán en árabe y edición de bolsillo) que evidentemente contravenía a su reciente conversión al cristianismo, religión que practicó de manera heterodoxa: creía en el prójimo y en el silencio, intentaba limpiar culpas con penitencias de ayuno con hierbas y sus actos de contricción fueron siempre ejemplos ... Leer Más »

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