Cartas de Cuévano

Siempre Chesterton

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Llegó a Minerva manor recomendado por Lady Bell Robinson y aún con muchos problemas con las palabras. No obstante, estableció un afecto entrañable a primera vista con los varones (que no barones) de la propiedad. Se fue haciendo más y más caballero con los años y ejercía diversos papeles con excelencia, más allá del silente mayordomo inglés que parecía languidecer por las tardes, adormilándose en sus callados pensamientos. Se llamó Gilbert Keith Chesterton y tuvo siempre una agudeza particular por la investigación de casos no necesariamente criminales más como clérigo de sotana larga que detective de capa y lupa; en sus primeros afanes indagatorios era capaz de seguir el rollo de un papel higiénico por todos los salones de la casa y luego, permanecer impávido y ajeno al enojo humano. Se sabe que de los 15.000 volúmenes de libros que llegó a resguardar la biblioteca de la mansión, Chesterton sólo maltrató uno (El Corán en árabe y edición de bolsillo) que evidentemente contravenía a su reciente conversión al cristianismo, religión que practicó de manera heterodoxa: creía en el prójimo y en el silencio, intentaba limpiar culpas con penitencias de ayuno con hierbas y sus actos de contricción fueron siempre ejemplos ... Leer Más »

Elemental, Watson

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Creo que no necesito salir de mi estudio en el número 221B de la calle de Baker en un Londres de siglo pasado para intentar resolver el supuesto enigma que inquieta la de por sí endeble serenidad de estos días. No hay que esperar la llegada del Dr. Watson ni recurrir a la dosis diaria de la cocaína en vena (en solución del siete por ciento) para confirmar que vivimos bajo el empañado capelo de un inmensa imbecilidad que parece contagiarse entre miles de adormilados habitantes del planeta. Hablo de la supina estupidez y recurrente improvisación de la estulticia que peina bajo el copete amarillento de su intransigencia el increíble y tristemente célebre Donald J. Trump. Su recurrente propensión a la mentira es ya una verdad, en un medio de comunicaciones donde poco importa si se trata de enfermedad u ocurrencia; sus amenazas o silencios revelan propósitos siniestros y no sólo banalidades risibles y sus supuestas medidas políticas no han sido más que espontáneos acomodos de un empresario empírico que nada tiene que ver con la res pública, y todo tiene que ver con su visión obnubilada de la realidad como negocio, la presencia física de un supuesto líder entendida ... Leer Más »

Un romance antiguo

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Decía Eliseo Alberto que la amistad es un romance y tanto creyó en eso que escribió su hermosa novela Esther en alguna parte para apuntalar en el lector que toda amistad es un romance y –además- que quien no cree en la amistad a primera vista no podrá creer tampoco en el amor a primera vista. Dicho lo anterior, hace días me re-encontré con un viejo cuento –efectivamente, cursi—que intenta honrar una de las formas más primitivas del afecto incondicional y se me ocurre ahora dedicarlo a Tom Hanks, a quien no conozco pero desearía que fuera mi amigo. Desde que debutó en un efímera comedia de la televisión y en casi todas sus actuaciones y afanes fílmicos he sido admirador y deudor del ánimo con el que navega el mundo, ya sea brincando como niño sobre las teclas de un inmenso piano o bien como el milagroso tonto que siempre aparece en el lugar y el tiempo justos y también como el maestro de primaria convertido en sargento de un pelotón que recorre una parte de Francia en busca de un solo soldado desamparado por el azar. En fechas recientes, Hanks ha patrocinado una aplicación para los teléfonos inteligentes ... Leer Más »

En busca de Manolete

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En una película sin colores se ve a Manolete bordando el arte en la vieja plaza de El Toreo de la Ciudad de México; atrás del milagro, se observa a un guardapuertas (que no monosabio) vestido de filipina blanca y gorra ídem que rompe todo protocolo y no sólo jalea cada muletazo del Monstruo de Córdoba, sino que alza los puños en eléctrico frenesí… pues, ése anónimo entusiasta soy yo y soy también una de las muchas amas de casa que acudieron a la Regencia de la Ciudad de México a solicitar que se dejara de anunciar a Manolete en la Temporada Grande porque afectaba notablemente el presupuesto de cada economía familiar y soy el locutor Paco Malgesto que entrevistó a Manolete en Sanatorio de los Toreros, luego de una cornada en la que todos los tendidos vieron que el toro se le echaba encima y al preguntarle por qué no se había movido, el Monstruo respondió: “Porque si me muevo no soy Manolete”. Soy el anónimo madrileño que lo vio entrar por la puerta giratoria de Chicote y la vieja vestida de luto que lo vio fumar un pitillo al filo del patio de cuadrillas, recostado sobre un muro ... Leer Más »

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