Café de Madrid

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La Caseta de las Firmas Imposibles

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Ese hombre engolado que no esconde su guante de terciopelo izquierdo, no es un actor disfrazado, sino el mismo Miguel de Cervantes Saavedra que espera en la puerta de la Caseta de las Firmas Imposibles la llegada del próximo primer lector de su Quijote y el gringo gordo que bebe vino en la bota que trajo de Pamplona es Hemingway enfundado en su guayabera de lila, haciendo tiempo como un viejo náufrago perdido en el mar. Son los asiduos fantasmas que pocos ven, pero que consta a muchos, habitantes de la caseta que se esfuma al final de la fila de los libreros en pleno corazón del Parque de El Retiro. Año con año llegan los espectros de Shakespeare para firmar traducciones y la delicada sombra de Quevedo envuelto en gasas que fueron telón de un teatro donde ahora recita con pajarita intacta Federico García Lorca. Vienen al Retiro y hacen tertulia por las madrugadas, cuando amaina el calor y logran arrebatarle a ciertas nubes el frío de su propia inmortalidad: allá por la cueva del Palacio de Cristal se reúnen Gabo y Fuentes, sin mariposas amarillas y un ligero viento de ocres como murmullos acompaña los pasos de Rulfo ... Leer Más »

Elena la Enana

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A la siguiente parada del autobús, subió una hermosa niña de la mano de su madre y quien parecía su hermanito mayor. La niña tendrá cinco años y –mientras su madre sacaba el abono de transporte y malabareaba bolsos con una sola mano—le contaba a su hermano “El cuento de Elena la Enana” con una vocesita entrañablemente madrileña, de esas que parecen terminar ciertas palabras con un ribete de colores. El trío recorrió el pasillo hacia el fondo del autobús mientras los pasajeros escuchábamos ya con la atención despertada por la gracia de la hermosa niña que Elena la Enana “usa una sola media color naranja y brinca con sus zapatitos rojos por encima de los zapatones de los mayores”… y allí se fue alejando el volumen de la vocesita hasta obligarme a mí y a otro pasajero a movernos por el pasillo del autobús cerca de donde la agotada madre de los críos encontró un asiento para su solaz y una ventana amplia para perder la vista en la nada. Ningún pasajero miraba directamente a la niña para no interrumpir el torrente de su narración y creo también que no pocos alargamos el destino de nuestra respectiva travesía con ... Leer Más »

Geometría del sándwich

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Ya habrá otras ocasiones para hablar de los legendarios triángulos de Rodilla, en todas sus variedades y sucursales, y supongo que habrá motivos para elogiar los bocadillos como rombos de las tabernas antiguas o los redondos canapés como círculos concéntricos que se ofrecen en presentaciones de ciertos libros, pero hoy quiero celebrar con gratitud al sándwich rectangular, no el efímero cuadrado hecho en casa que algunas madres siguen partiendo en triángulo, sino el sabroso rectángulo del pan blanco ya sin orillas que fabrica a granel pero con esmero la firma de Olmedo. Sucede que el Caballero de Olmedo, heredero de legendarias mantequerías del barrio de Salamanca, se transformó con la llegada de la modernidad (y la lenta desaparición de las mantequerías) en una fábrica de sándwiches rectangulares. Mi amigo Diego Alcaide vela y atiende no solo la venta al menudeo que sostienen en la calle de la Salud —a unos pasos del corazón de Gran Vía— sino el entramado culinario de una distribución diaria de al menos 7.000 manjares de este tipo en oficinas y cafeterías, con una notable variedad de combinaciones en sus sabores donde todo hambriento distinguirá —a diferencia de otros expendios— que los ya llamados Sándwiches de ... Leer Más »

Las tres caras del que vuelve

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Ya se dijo en una novela: quien llega a Madrid, vuelve…quién sabe de dónde, pero vuelve. En la ventana de migración se refleja la primera cara del que quisiera declararse madrileño y aún no cuenta con los papeles que lo avalen; en la ventanilla del taxi, la cara con bigotes del gato improvisado que le indica al mismísimo taxista y a su modernísimo GPS la mejor ruta para un hogar improvisado y en el espejo ya de casa, la cara que se quedó a la espera del viajero que siempre vuelve convertido en Otro, aunque siga siendo el mismo. Una de las caras lleva ya tatuados los recuerdos del viaje que lo alejó de la calle de Alcalá, sus remanentes tropicales y cierto vaivén en el andar. La otra, recupera el paso memorizado de todos los días, la infinita paciencia ante los que estorban en las aceras y preguntan obviedades, la entrañable manera de los madriles al decir que sí con un chasqueo entre dientes y luego soltar un no rotundo con chasquido que sería parecido si no fuera porque viene acompañado por el movimiento horizontal y ligero de la cabeza que lo niega y la tercera cara empieza a ... Leer Más »

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