Café de Madrid

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Mis amigas aladas

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Entrañables e insolentes, presumidas y silentes, volátiles y taconeras, mis amigas son quizá el primer síntoma de una callada demencia. Las observo cuando se reúnen en tertulia con el pretexto de compartir el pan y veo cómo aíslan a la cojita y a la que tiene una herida en el pequeño cráneo que parece la huella de una hélice, no de avión sino de ventilador. A menudo, vuelan raso y pasan zumbando las orejas de los paseantes y se frenan en pleno chisme para aterrizar como si conquistaran por primera vez el palmo del sendero en un parque o la mancha de una acera recién lavada. Me gusta verlas cuando hinchan el buche y sacan el pecho como presumiendo una verdad desconocida o fardando plumas como joyería de fantasía y luego, cuando caminan lento cumpliendo ese secreto pacto que establecieron hace siglos con los vehículos: así venga pitando el autobús, la moto o el cochazo del año, ellas eluden el desastre con un ligero paso por peteneras, como brinquito de Lola Flores y siguen husmeando las grietas de la civilización como si nada. A menudo, viajo incluso distancias largas a los santuarios públicos donde aparecen parvadas que parecen ya amaestradas …

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Aparecidos

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Esa belleza que caminaba a pierna suelta por una tangente de Atocha era nada menos que Greta Garbo, renacida y palpable, aparecida de milagro y con prisa. De lejos, confirmaba la serena majestad de su belleza ahora en tiempos en que sería delito lanzarle un piropo y quizá por eso la dejé avanzar sin intentar acercarme, pero agradecido de que me lanzara un guiño a la distancia. Ese mismo día, en una de las salas del Museo del Prado escuché a mis espaldas la enrevesada explicación de un cuadro del Bosco, donde el de la voz se enredaba con aquello de aquí tenemos el jardín que no se sabe si es del Edén o del edamame donde por ejemplo, digo porque si no me entiendes, Dios hizo al hombre y ahí está Eva, porque yo tuve una tía que yendo por el crucero del cruce que tenemos todos que cruzar. Era Cantinflas, con uniforme de conserje pero el pantalón a media asta, los bigotitos a los labios y un paso danzarín que confundía al incauto grupo de turistas que lo seguían como flautista de un cuento de hadas. Decidí entonces abordar un autobús y en la siguiente parada abordó vestido …

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Tierno Maestro

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El Viejo Profesor o Maestro Tierno Galván se llamó Enrique, nació en el año 18 y murió en el 86 del siglo pasado, fue traductor de Ludwig Wittgenstein y de Edmund Burke, él mismo autor de más de una veintena de títulos luminosos, ensayista lúcido y académico de cepa. Doctor en Derecho y catedrático, republicano durante la Guerra y antifranquista de toda la vida, sociólogo de bibliografía y práctica… y alcalde de Madrid entre 1979 y 1986. Al morir el Maestro Tierno fue despedido por una inmarcesible ola de deudos, ciudadanos agradecidos, madrileños de nacimiento o adopción, gatos-gatos o recién llegados que inundaron Cibeles para darle el último adiós al Tierno Maestro que bailó schotis bajo la sombra de la estatua de Agustín Lara en Lavapiés y que sonreía discretamente como el vecino incómodo que advierte a los demás el delicado civismo de no convertir las vías públicas en basureros o retretes, el sereno de chubasquero que se acercó a las inmediaciones de un bombazo para aliviar a los heridos y el político en pro del prójimo aunque no fue necesariamente próximo. En bandos soberbiamente redactados por él mismo, que se leen como pliegos de una calma medieval o remansos …

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Café de Verdad

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Vine a Colombia porque me dijeron que aquí servían un tal café, tan café que era café de verdad. Al buscarlo, Bogotá fue abriendo sus calles con aromas como anuncios y en no pocas esquinas anónimas vi que aparecían arcángeles con cafeteras al calce. Al pedirlo, un paisano me corrigió: una cosa es café de Colombia que se exporta por los Siete Mares y se puede degustar en cualquier polo como si estuvieras en Valledupar y otra cosa, muy diferente, es el Café de Verdad con mayúsculas que te hace callar y te abre los ojos, que lejos del insomnio te permite soñar, el café cargado que no precisa azúcar porque las Verdades que revela son a veces ácidas o acres, pero incontestables. Café de Verdad para los mentirosos irremediables y los políticos corruptos, los empresarios abusivos y las maestras que engañan; una probada de la infusión morena y se abatirían las trincheras de la simulación y del engaño, los espejos revelarían su verdadero reflejo y no quedaría títere con cabeza en la espesa selva de la improvisación y la mentirita. Tanto me habló del mentado Café de Verdad que cuándo vi que se acercaba con una porción humeante en …

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