Agua de Azar

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Los Otros

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Ese que se burla de las propuestas ajenas no tiene alternativas propias, y aquel que se avergüenza de la ignorancia del Otro no oculta su propio desconocimiento; esa que se ríe a carcajadas de la imbecilidad de su vecina no mide su propia estupidez, y aquella que comenta la desvergüenza de la Otra esconde minuciosamente la suya. El que avanza con prisa por el carril de la izquierda, pasándose los semáforos y toda regla de tránsito, ha de cruzarse en alguna avenida con su clon, que hace lo mismo al volante de un coche idéntico. La señorita que mira de reojo a la contertulia de vestido floreado parece no recordar que ayer mismo andaba vestida con el mismo diseño de mal gusto. En una sobremesa se escucha un largo chisme que delata las fechorías de quiénsabequién, y en el silencio que se instala sobre el mantel parece que los demás hacen oídos sordos ante la evidente coincidencia de que el delator parece estar hablando de sí mismo. En una honesta confesión de una culpa cualquiera, la señora del 76 va hilando palabra por palabra todas las fechorías que ella misma cometió sin que hubiera alguien —como ella— que ejerciera esa …

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Infamia

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Ése y esos del fuero; esas que se creen inmunes y son cómplices; aquellos impunes, todos. Amnésicos e ignorantes, imbéciles e inhumanos, sanguinarios animales irracionales, dementes hijos de la chingada, perra, puta madre; encorbatados o uniformados, raperitos de sonsonetes de lobotomía, hipnotistas del vacío contagioso, gorrita de lado, cadenas de oro, camisa vaquera, playera estampada, mirada perdida, sonrisa rumiante, rostro en campaña, hueso por venir, partidas por gastar, evidencia escondida. Muchos, mayoría, minoría, aludidos y coludidos; esas y otras, unos y uno. Tú y Ella, Él y el Otro, los demás, los del escritorio de lámina y los de la pick up destartalada, la vida rápida y el invento ministerial, los especialistas en seguridad y los beneficiarios de la inseguridad generalizada. Los prometedores y deudores, los hipócritas y prófugos, promulgadores y promotores de la nada o el engaño, los plagiarios y abusadores continuos, los cantantes de corridos que hacen oídos sordos en las fiestas de los sicarios, los abogadillos miles que se hacen de la vista gorda, las edecanes prostituidas en fiestecitas donde se bendicen las armas, la legión de piratas y el mar donde se mezcla todo el caldo de cultivo hirviente de la escoria. Esos, todos, aquellos, ellas, …

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Un siglo de instantes

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Gabriel García Márquez cumple cuatro años de los primeros cien de eternidad que se ganó a tinta. Para celebrarlo, es obligación de cada primavera procurar el nacimiento del próximo lector de su universo en cuentos, crónicas, guiones y novelas; sobre todo, contagiar al recién llegado la aventura inmarcesible de una novela que se llamaba La casa hasta que en su último párrafo apareció la condena de Cien años de soledad que tatúa a los habitantes de Macondo, lectores incluidos, en una neblina inevitable que se llama felicidad (con todo y tristezas). El Equilibrista, fina y entrañable editorial, presenta ahora en Bogotá una coedición con la Universidad de Guadalajara y el Ministerio de Cultura de Colombia con el título A cincuenta años de Cien años de soledad. Contexto, correspondencia y recepción. Se trata de un libro ejemplar, antologado minuciosamente por David Medina Portillo y prologado por Elena Poniatowska, que reúne un luminoso cartel de colaboradores: Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Fuentes, Gerald Martin, Jomí García Ascot, Mario Vargas Llosa, Emmanuel Carballo, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, Juan Villoro, Rosa Beltrán, Christopher Domínguez Michael y Carlos Monsiváis, entre otros. Es una celebración y un testimonio, un panóptico de opiniones en torno a una …

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El cielo es pastel

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Joy Laville nació en 1923 en Isla de Wight, Inglaterra; vivió durante un tiempo en Canadá y llegó a México en los años 60, con su hijo de cinco años, para convertirse en pintora. Trabajaba en una librería de San Miguel de Allende, donde tomaba clases de caballete y acuarela, cuando se enamoró de Jorge Ibargüengoitia. Ayer se fue de este mundo a un lienzo de colores pastel donde ella misma dibujó la silueta en singular de un abrazo en pareja. Hoy, cuando ambos se reúnen en el andén de un viaje a la eternidad, nos queda el ejemplo de una pareja feliz que se complementaba hasta en los silencios. Ella pintaba, Él escribía, y hoy sus cuadros son portadas de sus libros entrañables. Vivieron una vida plena y feliz, en Coyoacán, España, Grecia y París… aunque seguían soñando con Coyoacán por las noches, deambulaban por París todos los días. Ambos llevaban un sol adentro. En 1983 Jorge se adelantó en un vuelo que pasaría por Madrid rumbo a Bogotá y que no llegó. Joy le lloró un año entero, caminando París y sin pintar una raya; luego recayó en la idea de que su verdadera querencia estaba en México, …

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