Agua de Azar

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‘Joyita’

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Esa mujer anónima que camina sola por el andén del Metro, la que lleva una bolsa de nada o una maleta vacía y, sin embargo, carga toda una biografía de silencios. Esa vieja puede ser la madre muerta de unas niñas que se creen felices o la sombra tenue que hace más de medio siglo fue prima bailarina en un teatro de París, que huyó del esclavismo machista de sus matrimonios por conveniencia y dejó guardada en un orfanato a la niña que bautizó con el nombre de Joyita, la niña que al dejar de ser adolescente y convertirse ella misma en mujer, sola y viajera en los andenes de un Metro interminable, cree reconocerla y la sigue hasta el final de la línea en un trayecto de muy pocas páginas donde los párrafos se van hilando con la historia que la joven Joyita se inventa para explicarse a sí misma la ausencia de su loca madre, otrora bella bailarina que hoy serpentea la soledad inconmensurable de las vías subterráneas que reptan entre líneas de una breve novela que escribió ayer mismo Patrick Modiano. Los profesionales de la crítica quizá se quejen de la que novela Joyita, de Modiano, sea ... Leer Más »

Salada claridad

guayabera

Ha tiempo que se reúne en Cádiz la real Cofradía de la Guayabera (real en minúscula porque existe, no porque venga coronada) con el afán de celebrar el sagrado milagro de la amistad bajo el pendón de una de las prendas más cómodas y elegantes que ha zurcido la imaginación. Más que camisa (y a dos pasos de ser considerada de etiqueta), la guayabera es el cómodo alivio al calor donde no caben corbatas y sobra el armazón hilado de los trajes pesados (otra cosa es el lino de tres piezas). Cuando Gabriel García Márquez recibió merecidamente el Premio Nobel de Literatura sorprendió a la nobleza de las viejas casas europeas al portar el traje de liki-liki que no es más que una versión ceremonial de la guayabera, esa camisa de origen incierto que le pertenece en realidad a todos los lugares felices: es de Cuba y de Veracruz, de Yucatán y de Dominicana, de donde le llaman simplemente “camisa” o, incluso, “cubana”, como se le llamaba en Cádiz, la tacita de plata de la costa española, la salada claridad que evocaba Machado… La joya de un Caribe inventado en la mismísima Península Ibérica, al filo de las olas de ... Leer Más »

Sonrisa de estatua

manolete

Se cumplen cien años de que nació en Córdoba un tal Manuel Rodríguez Manolete , quien —en un mundo en blanco y negro— paraba los relojes a su paso, electrizaba los tendidos enloquecidos de las plazas con sus pases y encarnaba en cada poro de su piel el aura indescifrable del héroe trágico. Abundan fotografías, películas, versos, párrafos, óleos, esculturas y evocaciones… y en casi todas aparece serio, estatua de piel y huesos que murió en Linares, partidas la femoral y el alma por las astas del toro Islero de la ganadería de Miura. Serio hasta cuando sonríe levemente, aunque se le ve abiertamente feliz en muchos de los momentos que vivió en México al lado de su amor, Lupe Sino, bella musa que en España era mal vista por roja, o cantando al lado de su compadre Silverio Pérez en Texcoco, o bajo las gafas de piloto que compartía con Carlos Arruza… o al arrancar a dar la primera vuelta al ruedo en el viejo Toreo de la Condesa, con el rabo de un toro que ha quedado en la memoria de tantos que dicen haber visto en vivo esa faena que, de ser cierto, entonces la plaza tendría ... Leer Más »

Cabalga

cabalga

Tras una pátina lila de neblumo sin contingencia, esa nata que parece disiparse con lluvias para que todo chilango crea que vuelve a la región más transparente del aire, parece cabalgar de nuevo el Caballito de Carlos IV, el rey que no merece estatua en Madrid ni en España entera y que se eternizó en México gracias al corcel imbatible que forjó Manuel Tolsá con las yemas de sus dedos sobre un bronce que parecía volverse verde hasta que hace uno años fue bañado con un ácido ocre e insensible que lo convirtió en mal del pinto, vitiligo aparentemente inamovible para que tuvieran que esconderlo tras las sabanas de una arrepentida restauración y ahora volver a soltarle la rienda como jamelgo de corrido, corcel de rejoneo en cada feria internacional del libro del Palacio de Minería donde consta que hay al menos un autor que ha sangrado su corazón en la mirada de una mujer y así año con año vuelve la ilusión del Caballito intacto que estuvo mancillado por la estulticia, que fue mudado del Zócalo a Bucareli y de allí a las puertas del palacio que se vuelve su caballeriza en las noches negras donde sólo lo escuchan ... Leer Más »

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