Agua de Azar

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Un siglo de instantes

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Gabriel García Márquez cumple cuatro años de los primeros cien de eternidad que se ganó a tinta. Para celebrarlo, es obligación de cada primavera procurar el nacimiento del próximo lector de su universo en cuentos, crónicas, guiones y novelas; sobre todo, contagiar al recién llegado la aventura inmarcesible de una novela que se llamaba La casa hasta que en su último párrafo apareció la condena de Cien años de soledad que tatúa a los habitantes de Macondo, lectores incluidos, en una neblina inevitable que se llama felicidad (con todo y tristezas). El Equilibrista, fina y entrañable editorial, presenta ahora en Bogotá una coedición con la Universidad de Guadalajara y el Ministerio de Cultura de Colombia con el título A cincuenta años de Cien años de soledad. Contexto, correspondencia y recepción. Se trata de un libro ejemplar, antologado minuciosamente por David Medina Portillo y prologado por Elena Poniatowska, que reúne un luminoso cartel de colaboradores: Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Fuentes, Gerald Martin, Jomí García Ascot, Mario Vargas Llosa, Emmanuel Carballo, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, Juan Villoro, Rosa Beltrán, Christopher Domínguez Michael y Carlos Monsiváis, entre otros. Es una celebración y un testimonio, un panóptico de opiniones en torno a una …

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El cielo es pastel

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Joy Laville nació en 1923 en Isla de Wight, Inglaterra; vivió durante un tiempo en Canadá y llegó a México en los años 60, con su hijo de cinco años, para convertirse en pintora. Trabajaba en una librería de San Miguel de Allende, donde tomaba clases de caballete y acuarela, cuando se enamoró de Jorge Ibargüengoitia. Ayer se fue de este mundo a un lienzo de colores pastel donde ella misma dibujó la silueta en singular de un abrazo en pareja. Hoy, cuando ambos se reúnen en el andén de un viaje a la eternidad, nos queda el ejemplo de una pareja feliz que se complementaba hasta en los silencios. Ella pintaba, Él escribía, y hoy sus cuadros son portadas de sus libros entrañables. Vivieron una vida plena y feliz, en Coyoacán, España, Grecia y París… aunque seguían soñando con Coyoacán por las noches, deambulaban por París todos los días. Ambos llevaban un sol adentro. En 1983 Jorge se adelantó en un vuelo que pasaría por Madrid rumbo a Bogotá y que no llegó. Joy le lloró un año entero, caminando París y sin pintar una raya; luego recayó en la idea de que su verdadera querencia estaba en México, …

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La sombra que se queda

Me permito jugar con el título de la espléndida novela Como la sombra que se va (Seix Barral, 2015) no solo para recomendar la lectura de una joya que le sigue los pasos a quien fuera el asesino de Martin Luther King, sino también porque supongo que su autor, Antonio Muñoz Molina, coincide en que el pastor asesinado hace medio siglo, el orador del alma negra, iluminó su paso por esta tierra precisamente como una sombra que, así pasen los siglos, no se va. Además, el título de la novela —que de veras recomiendo— salió del Salmo 102, que reza: “Mis días son como la sombra que se va/ y yo como la hierba que se ha secado”. Hierba seca parecía la turba que no se formó frente a Robert Kennedy cuando salió a dar el anuncio, y la multitud que milagrosamente no se incendió en ese instante encontró serenidad precisamente en los versos de poeta que eligió Bobby, y hierba seca comía la humilde mula que jaló el carretón pobre donde llevaron el féretro del reverendo King el día de su entierro, y hierba seca se va pintando sobre el desolador paisaje de este mundo que, a medio siglo, …

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Aventura de un mono en Reforma

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Valiéndole madre todo semáforo, el mono avanzaba como quien se avienta de rama en rama rumbo a Los Pinos y luego, de vuelta al bosque, mentando madres y hablando por el celular para ver cómo va lo de su primo el orangután monarca de las drogas en Coyoacán, el mismo que bailaba con el oso en el libro de la selva de los microbuses de dos pisos y bosques de postes en las esquinas, la selva gris de la contaminación disfrazada gobernada por el mono araña que mueve la mano como digno dignatario de la impunidad descarada. Mientras tanto, el mono de Reforma se baña en la fuente de petróleos ya expatriados y se atraganta con suadero en la esquina de Las Lomas donde los ricos también lloran como nacos para saciar el hambre que produce tanta adrenalina que se meten por la nariz como primos de todos los primates que andan sueltos, igualito que el mono que se soltó por Reforma en alegre aventura de su más íntimo asombro: no podía creer que hay vendedores en las esquinas que llevan ventiladores y diccionarios, caramelos y tabaco, muñecos inflables y toallitas faciales; en los coches aledaños, vio mandriles con corbata …

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